El pequeño comercio en México enfrenta una amenaza latente ante la posibilidad de que el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) aumente para productos como cervezas y sopas instantáneas. Actualmente, los alimentos no básicos con alta densidad calórica, como frituras, chocolates y botanas, ya están sujetos a un gravamen del 8%. Aunque la Cámara de Diputados aún no ha definido un porcentaje oficial, organizaciones como Fundar y El Poder del Consumidor han propuesto elevar esta carga hasta el 20%.
Gerardo Cleto López Becerra, presidente del Consejo para el Desarrollo del Comercio en Pequeño y la Empresa Familiar (ConComercio en Pequeño), sostiene que esta política impositiva perjudica directamente al pequeño comerciante y beneficia a las grandes cadenas. Según el representante, el riesgo es que el consumidor deje de adquirir productos por unidad en la tienda de barrio para buscar promociones por volumen en formatos de proximidad como Oxxo, tiendas 3B o las 'bodeguitas' de cadenas como Walmart.
El impacto potencial es significativo, afectando a un universo de aproximadamente 1.3 millones de abarrotes, misceláneas y minisúpers. El sector ya reporta una caída en ventas de entre 8% y 12% tras los ajustes fiscales aplicados a cigarros y bebidas azucaradas a inicios de año. "Para una tienda que vende alrededor de 8,000 pesos diarios, una disminución de entre 600 y 800 pesos representa un golpe importante al flujo de efectivo", explica López Becerra.
Por su parte, Cuauhtémoc Rivera, presidente de la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC), advierte sobre el efecto dominó en el ticket de compra. Al ser productos de alta rotación, las bebidas y botanas funcionan como artículos ancla; si el cliente deja de acudir por estos, también disminuye la compra de productos básicos como leche, pan o artículos de limpieza. "No podemos analizar cada IEPS de manera aislada. Cuando se suman impuestos a bebidas, botanas y otros productos de alta rotación, lo que termina gravándose es el ticket completo de la tienda de barrio", señala Rivera.
Aunque el objetivo de los llamados "impuestos saludables" es desincentivar el consumo de productos riesgosos para la salud y financiar el sistema sanitario, los comerciantes exigen mayor transparencia. "Que nos digan cuánto se recauda y cuánto de esa recaudación se destina a atender a los enfermos, a mejorar hospitales o al suministro de medicamentos", concluyó López Becerra.

