En Oulu, una ciudad subártica que ostenta el título de Capital Europea de la Cultura 2026, el alquitrán de pino no es solo un recuerdo de su pasado como puerto exportador, sino un pilar de su identidad culinaria. Esta sustancia oscura, obtenida mediante la combustión lenta de madera de pino, aporta un matiz ahumado e intenso que, según Matti Moller de la iniciativa Arctic Food Lab, es ideal para experimentar en una amplia gama de preparaciones.
Históricamente, Oulu fue el mayor puerto exportador de alquitrán del mundo hacia la década de 1860. La guía local Sirpa Törmä explica que el producto era vital para impermeabilizar veleros de madera. Con el tiempo, sus propiedades antibacterianas lo convirtieron en un remedio tradicional, dando lugar al refrán local: 'Si la sauna, el alcohol y el alquitrán no ayudan, la enfermedad es mortal', señala la historiadora Ritva Kylli.
La transición del alquitrán hacia la gastronomía comenzó en las farmacias a principios del siglo XX. En 1902, la prensa de Oulu ya publicitaba los tervakaramellit (caramelos de alquitrán). En 1933, el farmacéutico Y.W. Jalander creó las famosas pastillas Terva Leijona (León de Alquitrán), utilizando una esencia de alquitrán mezclada con regaliz, un producto que se sigue comercializando bajo la receta original. No fue hasta finales del siglo XX que el terva se consolidó como un manjar gourmet, impulsado por un renovado interés en la memoria cultural de la región.
Hoy, el uso del alquitrán es diverso. En la panadería Pekka Heikkinen, fundada en 1913, la propietaria Kaisa Marin elabora pan y pasteles con este ingrediente, mientras que en la cafetería Kahvila Kiikku, Rina Hirviniemi lo incorpora en helados y preparaciones a la parrilla. Por su parte, el chef Laurance Robinson, del restaurante Lasaretti, ha llevado el terva a la alta cocina, creando platos como pasta con pescado blanco ahumado y perlas de alquitrán, una receta que equilibra el umami con un sutil toque ahumado.
Para los finlandeses, el sabor del alquitrán es una conexión nostálgica con el bosque y las tradiciones del hogar. Como señala Mika Lähteenmäki, copropietario de la chocolatería ChocoSomnia, el producto atrae tanto a curiosos como a clientes fieles, ofreciendo una experiencia sensorial que, para muchos, define el alma de Finlandia.


