El pasado mes de junio, lo que comenzó como una rutina de nado matutino en la playa de Coogee, en Sídney, se transformó en una lucha por la supervivencia. Leah Stewart, de 34 años, se encontró cara a cara con un gran tiburón blanco de 4 metros mientras regresaba a la orilla. Al percatarse de la presencia del animal, Stewart intentó advertir a otros nadadores, pero el depredador se acercó rápidamente.
"Lo miré y por su tamaño me di cuenta de que no era un delfín", relató Stewart en una entrevista para el programa 60 Minutos Australia. La situación escaló cuando el tiburón, con sus "ojos pequeños y negros" y una boca del tamaño de su muslo, se posicionó a solo 30 centímetros de ella. En un acto de desesperación y valentía, Stewart decidió lanzar un golpe con su mano izquierda: "Simplemente lanzo mi brazo izquierdo y se agarra a mi antebrazo y me arranca, me arranca la piel, el músculo, todo".
El ataque fue brutal; el animal la arrastró bajo el agua y le causó heridas graves en el muslo y los brazos. Stewart confesó que, en medio del terror, su motivación para resistir fue su hija, August: "En mi cabeza pensaba: 'No me vas a alejar de mi hija', y me retorcí y empecé a golpearlo una y otra vez. Fue como luchar contra un dinosaurio".
La fortuna quiso que Ian Ferguson, un médico especialista en traumatología de alto nivel, se encontrara en la playa en ese momento. Gracias a su intervención y a la ayuda de otros nadadores, Stewart fue rescatada y trasladada al hospital. Tras someterse a casi una docena de cirugías y un periodo en coma inducido, la maestra sufrió la amputación de su brazo izquierdo y tuvo que aprender a caminar de nuevo debido a la pérdida de tejido muscular en su muslo izquierdo.
Hoy, Stewart se recupera con una perspectiva resiliente: "No quiero ser recordada como la chica que fue atacada en la playa. Soy la mujer que le dio un puñetazo al tiburón en la cara".


