El gobierno del Reino Unido ha reiterado que su posición respecto a las islas Malvinas (Falklands) es inquebrantable, respondiendo directamente a las recientes declaraciones del presidente argentino Javier Milei, quien afirmó que el archipiélago es argentina histórica y legalmente. Un portavoz de Downing Street confirmó que el primer ministro británico, Andy Burnham, apoya plenamente el deseo de los isleños de permanecer como un territorio británico de ultramar.
La tensión se intensificó tras un discurso televisado de Milei, en el que prometió implementar sanciones contra empresas que participen en proyectos de exploración petrolera cerca de las islas sin autorización argentina. El mandatario calificó al yacimiento Sea Lion, que contiene reservas estimadas en 1,700 millones de barriles de petróleo, como un peligro claro y urgente. Ante esto, el consorcio británico-israelí compuesto por Rockhopper Exploration y Navitas Petroleum, que planea extraer crudo en 2028, aseguró que sus operaciones no se verán afectadas por los anuncios recientes, contando con licencias válidas y el respaldo de Londres.
El presidente Milei argumentó que los isleños, al ser una población implantada, no poseen un derecho legítimo a la autodeterminación, invalidando los referendos previos. Cabe recordar que en 2013, el 99.8% de los residentes votó a favor de mantener el estatus actual. En respuesta, el ministro de Asuntos Exteriores británico, Ed Miliband, y el secretario de Defensa, Wes Streeting, reafirmaron que el compromiso con la autodeterminación de los habitantes es absoluto.
El conflicto, que tuvo su punto más álgido en la guerra de 1982 —la cual dejó un saldo de 255 militares británicos, tres isleños y 649 militares argentinos fallecidos—, mantiene una vigilancia constante. El portavoz de Downing Street subrayó que las fuerzas armadas británicas permanecen en alerta las 24 horas del día, los 7 días de la semana, para proteger sus intereses. Por su parte, Milei anunció planes para construir una base naval en Tierra del Fuego y sugirió que la administración de Donald Trump en Estados Unidos está evaluando su postura histórica sobre el conflicto, aunque el gobierno estadounidense se mantiene formalmente neutral.


