El sistema educativo cubano, que alguna vez fue el pilar del proyecto social de Fidel Castro, atraviesa su momento más crítico. Más de medio siglo después de que Castro transformara el Campamento de Columbia en la escuela Ciudad Libertad bajo la premisa de una educación gratuita y universal, el panorama actual es desolador. El inicio del curso escolar este 1 de septiembre ha estado marcado por la carencia de materiales, la falta de docentes y una crisis económica que golpea directamente a las familias.
La realidad en las calles es cruda. Madres como 'La China', residente en el municipio Regla, en La Habana, relatan la imposibilidad de cubrir los costos básicos. Con precios de uniformes que oscilan entre 1,000 y 2,000 pesos para blusas y camisas, y entre 2,000 y 4,000 pesos para sayas y pantalones, muchas familias se ven superadas. A esto se suma la crisis energética: 'Hace más de 30 horas que no llega la electricidad', comenta, destacando cómo los apagones impiden incluso tareas básicas como enfriar agua o conservar alimentos.
El Gobierno cubano, a través de la ministra de Educación, Naima Trujillo, ha reconocido que las escuelas operan en condiciones 'muy difíciles'. La falta de combustible y divisas ha paralizado la producción y distribución de uniformes para los casi 1.4 millones de estudiantes. Además, el déficit de maestros es alarmante: existe un faltante de 21,000 profesores, lo que sitúa la cobertura docente en apenas un 73%. La emigración y los bajos salarios —que rondan los 12 dólares mensuales— han provocado un éxodo profesional constante.
Incluso en instituciones de élite como el Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Vladímir Ilich Lenin, la situación es precaria. Los padres han denunciado la falta de agua y de 400 colchones, además de la exigencia de que cada alumno porte una lámpara recargable para estudiar durante los apagones, que pueden durar entre 20 y 22 horas. Jessika, madre de un estudiante de 12.º grado, confiesa su frustración: 'Sinceramente tengo días en que me dan deseos de morir, porque me siento frustrada como madre de no poder darle a mi hijo todo lo que necesita'.
La socióloga Elaine Acosta González advierte que las consecuencias de esta crisis son incalculables, afectando gravemente la salud mental de niños y cuidadores. Según datos del Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH), la extrema pobreza alcanza al 94% de la población, y el 68% de los encuestados reporta ingresos mensuales inferiores a 20,000 pesos cubanos (unos 30 dólares). Mientras el Estado se retira de sus responsabilidades, el mercado negro ha ocupado su lugar, vendiendo materiales escolares a precios inalcanzables para la mayoría, dejando atrás la promesa de equidad que alguna vez definió al modelo cubano.


