El mercado energético estadounidense enfrenta una presión sin precedentes. Este viernes, el precio del diésel, combustible esencial para el transporte de carga y la maquinaria agrícola, se disparó hasta los 5.85 dólares por galón (3.7 litros), marcando un nuevo récord histórico según datos de la asociación automovilística estadounidense. Este incremento supera la marca previa establecida en 2022, la cual fue provocada por la invasión rusa en Ucrania.
La escalada de precios responde directamente al recrudecimiento de las tensiones en Oriente Medio. Tras los ataques perpetrados por Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero, Teherán respondió con diversas acciones, entre las que destaca el bloqueo del estrecho de Ormuz, una ruta marítima estratégica para el flujo global de hidrocarburos.
Paralelamente, la gasolina corriente ha registrado un alza en sus costos, situándose en un promedio de 4.15 dólares por galón. Aunque esta cifra aún se mantiene por debajo del récord de 5.05 dólares alcanzado en 2022, la tendencia al alza genera preocupación en el ámbito político. La situación pone bajo una fuerte presión al gobierno estadounidense, especialmente a pocos meses de las elecciones de medio término programadas para noviembre, un escenario complejo dado que la mejora del poder adquisitivo fue uno de los pilares fundamentales en la campaña del presidente Donald Trump en 2024.


