La percepción sobre el grado de inversión de México ha generado un intenso debate entre analistas y autoridades. Joan Domene, economista para México de Oxford Economics, calificó como "completamente equivocada" la idea de que el país ya cotiza como si hubiera perdido su calificación de grado de inversión.
Para sustentar esta postura, Domene señala los credit default swaps (CDS) soberanos a cinco años, que rondan los 80 puntos base y han descendido respecto a 2025. Esta tendencia, según el experto, es difícil de conciliar con un mercado que anticipe una degradación inminente. La Secretaría de Hacienda ha respaldado esta visión, destacando que el CDS de México bajó de 120 puntos base al inicio de la administración a 80, mientras que el de Pemex pasó de 460 a 222 puntos base.
El factor Pemex y la presión fiscal
Aunque Pemex ya se encuentra en grado especulativo para Fitch y Moody's, el respaldo gubernamental ha mitigado su riesgo de incumplimiento. No obstante, esta protección traslada una carga significativa al balance público. Moody’s asignó recientemente una calificación Baa3 a la nueva emisión de bonos de México en yenes, manteniendo el último escalón del grado de inversión con perspectiva estable. La agencia advirtió que la fortaleza fiscal se ha deteriorado desde 2024 debido a mayores déficits y el apoyo continuo a la petrolera.
Actualmente, México conserva el grado de inversión con las tres grandes agencias: Fitch (BBB-), Moody’s (Baa3) y S&P (BBB, con perspectiva negativa).
Desafíos estructurales
El análisis del IMCO revela que Pemex registró una pérdida neta de 28,000 millones de pesos en el primer semestre de 2026, frente a una utilidad de 16,200 millones en el mismo periodo del año anterior. Aunque su deuda financiera bajó a 77,500 millones de dólares, el Gobierno le transfirió más de 100,000 millones de pesos en aportaciones de capital en esos seis meses. Banamex estima que, desde 2019, los apoyos directos suman 1.88 billones de pesos, mientras que los ingresos petroleros dejaron de aportar 619,700 millones de pesos a las finanzas públicas entre 2023 y el primer semestre de 2026.
Para Domene, el objetivo debe ser alcanzar un superávit primario cercano al 1% del PIB para estabilizar la deuda. Por su parte, Luis Gonzali, codirector de inversiones de Franklin Templeton México, considera que una degradación no es un escenario inmediato, pero advierte un riesgo plausible en un horizonte de tres a seis años si no se ajusta la trayectoria fiscal y se supera el crecimiento económico cercano al 1%.
Finalmente, los especialistas coinciden en que el alza en las tasas de largo plazo no es un fenómeno exclusivo de México, sino que responde a un entorno global de altos déficits, inflación persistente y una mayor emisión de deuda corporativa tecnológica que presiona los rendimientos de los bonos soberanos a nivel mundial.

