La aerolínea estatal Mexicana de Aviación, operada por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), atraviesa una etapa de consolidación operativa marcada por la necesidad de alcanzar la rentabilidad financiera. Tras su relanzamiento el 26 de diciembre de 2023, bajo la administración del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador, la empresa ha enfrentado retos significativos, incluyendo una flota limitada y la cancelación de rutas.
Los datos financieros más recientes, correspondientes al periodo del 1 de enero al 30 de septiembre del año pasado, revelan un escenario complejo: la aerolínea reportó activos totales por 392.7 millones de pesos frente a pasivos que ascienden a 2,108 millones de pesos. A pesar de este déficit, la actividad operativa ha mostrado un crecimiento notable. Según la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC), entre enero y abril de este año, Mexicana realizó 2,584 vuelos, duplicando la cifra del mismo periodo de 2025, mientras que el número de pasajeros transportados alcanzó los 156,806, un incremento del 30% respecto a los 120,612 viajeros del año anterior.
La estrategia de flota ha sido fundamental en esta etapa. Tras complicaciones iniciales con aeronaves Boeing 737 y la cancelación de ocho rutas en enero del año pasado, la empresa ha apostado por la unificación con aviones Embraer. En junio de 2024, el gobierno anunció una inversión de 750 millones de dólares para adquirir 20 aeronaves de este fabricante. El 1 de julio de 2025, la presidenta Claudia Sheinbaum y el director general de la aerolínea, Leobardo Ávila Bojórquez, recibieron el primer E195-E2 en el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA). Al cierre de 2025, la flota contaba con cinco unidades de este modelo, las cuales, según el especialista José Serur, ofrecen costos operativos significativamente menores a los de la familia Boeing.
Eliseo Llamazares, socio líder de Aviación y Turismo de KPMG para Latinoamérica, señala que el éxito de la aerolínea no debe medirse exclusivamente por la rentabilidad financiera, sino también por su rentabilidad social, similar al modelo de la aerolínea colombiana SATENA. No obstante, el recorte del 43.2% real en su presupuesto exigirá una mayor selectividad en la apertura de rutas y una justificación comercial más rigurosa para cada operación mientras la empresa busca alcanzar el punto de equilibrio en 2027.


