La adolescencia, una etapa intrínsecamente ligada al cambio, atraviesa hoy una transformación marcada por la hiperconexión digital, la presión académica y una creciente sensación de aislamiento. Mark Dangerfield Gudiol, psicólogo clínico y director del Instituto Universitario de Salud Mental Vidal i Barraquer, sostiene que este fenómeno no responde a una causa única, sino a cambios sociales profundos que han alterado la forma en que los jóvenes se relacionan.
Los datos respaldan esta preocupación: el estudio Health Behaviour in School-aged Children (HBSC 2022), promovido por la OMS y coordinado en España por el Ministerio de Sanidad, revela que casi cuatro de cada diez adolescentes españoles de entre 11 y 18 años experimentan malestar psicosomático frecuente. Según Dangerfield, de 55 años y con más de 25 años de trayectoria, esta generación vive una paradoja: están permanentemente conectados a plataformas digitales, pero se sienten profundamente solos desde el punto de vista afectivo.
El desafío de la crianza y la salud mental
En la consulta, las familias llegan angustiadas por síntomas como la ansiedad, la tristeza persistente, las autolesiones y el aislamiento. Dangerfield enfatiza que los padres a menudo se sienten desbordados y carecen de herramientas para abordar temas difíciles. "No podemos cuidar el bienestar emocional de los jóvenes sin cuidar también el de los adultos. Los padres no necesitan ser perfectos; necesitan apoyo para acompañar mejor a sus hijos", afirma el experto.
Respecto al equilibrio entre límites y autonomía, el psicólogo sugiere que no existe una fórmula perfecta. El objetivo es transitar de una supervisión total en la infancia a una base segura que permita a los hijos equivocarse y ganar confianza, sin que el miedo al error impida su desarrollo.
Innovación en la atención: El modelo ECID
Dangerfield es uno de los impulsores del Equipo Clínico de Intervención a Domicilio (ECID), un programa diseñado para atender a jóvenes con trastornos mentales graves que no acceden a los recursos tradicionales. El programa surgió al notar que el sistema fallaba al esperar que los pacientes, a menudo traumatizados o excluidos, buscaran ayuda por sí mismos.
"Si ellos no podían venir, seríamos nosotros quienes iríamos a su encuentro", explica. El éxito es notable: más del 90% de los pacientes, que previamente habían rechazado otros recursos, aceptan iniciar un tratamiento con el ECID. La intervención no solo reduce la gravedad de los síntomas, sino que logra que muchos jóvenes regresen a sus centros educativos.
La reparación como pilar
Para Dangerfield, el mensaje fundamental para los padres es claro: la perfección no es el objetivo. "Una buena relación no es aquella en la que nunca hay conflictos, sino aquella que sabe repararlos", asegura. La capacidad de pedir perdón y retomar el diálogo tras una discusión es, según el especialista, una experiencia profundamente protectora. Los hijos no requieren que sus padres resuelvan todos sus problemas, sino la certeza de que, ante la adversidad, no estarán solos.


