La temporada de chiles en nogada trae consigo un dilema gastronómico: ¿qué vino puede estar a la altura de un platillo que combina la intensidad vegetal del chile poblano, la textura de la nogada, la carne, las frutas y las especias? Según expertos de Bodegas Emilio Moro, la clave no reside en buscar una regla única, sino en decidir qué elemento del plato se desea resaltar.
Dos caminos para un mismo plato
Bodegas Emilio Moro propone dos etiquetas con perfiles distintos para acompañar este ícono de la cocina mexicana:
- La Revelía: Elaborado con uva Godello en El Bierzo, este vino fermenta en acero inoxidable y reposa sobre sus lías en barricas de roble francés. Su estructura, con notas minerales y de frutos secos, permite que el vino mantenga su presencia frente a la complejidad y cremosidad de la nogada.
- Elalba: Producido en Pesquera de Duero bajo la D.O. Ribera del Duero, este vino combina 60% Tempranillo y 40% Albillo Mayor. Con un color salmón y aromas a frutos rojos, su acidez integrada ayuda a equilibrar la grasa del platillo, mientras que su perfil frutal armoniza con el relleno.
El menú completo: De la entrada al postre
El maridaje debe evolucionar conforme avanza la comida. Para los tiempos previos al chile en nogada, como tostadas o preparaciones con hierbas y cítricos, la bodega sugiere Polvorete. También elaborado con Godello en El Bierzo, este vino destaca por su frescura y capacidad para limpiar el paladar sin competir con los ingredientes frescos.
Para el cierre, la propuesta es La Felisa, un Tempranillo ecológico de Ribera del Duero sin sulfitos añadidos. Con un cuerpo intenso y taninos dulces, es ideal para acompañar el momento del postre, demostrando que la estructura de la copa debe adaptarse al peso de cada plato.
La filosofía de Bodegas Emilio Moro
La bodega, dirigida por la tercera generación de la familia en Pesquera de Duero, Valladolid, cuenta con 300 hectáreas de viñedo propio. Desde 2016, han expandido su proyecto a El Bierzo, donde gestionan más de 50 hectáreas dedicadas a la uva Godello. Su enfoque rompe con las reglas rígidas del pasado, recordando que un vino demasiado tánico o alcohólico puede intensificar el picante, mientras que la acidez y la crianza sobre lías son herramientas clave para equilibrar la cocina mexicana.
