En 1960, instalado en el Empress Hotel de Londres, un espacio descrito por sus allegados como un búnker asfixiante junto al cementerio de Brompton, William S. Burroughs trabajaba en la creación de una de sus obras más complejas. Utilizando su característica técnica de 'cut-up' —un collage narrativo que fragmentaba y reorganizaba textos—, el escritor dio forma a la trilogía Nova, compuesta por las novelas 'La máquina blanda', 'El ticket que explotó' y 'Expreso Nova'.
Esta trilogía, que ahora llega al mercado hispanohablante bajo el sello de Anagrama, es analizada por Oliver Harris en su introducción como un "lugar imposible que muta ante tus propios ojos". La obra, que oscila entre la ciencia ficción, la poesía de vanguardia y la sátira política, mantiene una vigencia inquietante. Joan Didion, al referirse a 'La máquina blanda', señaló que intentar retomar la lectura tras una interrupción es una tarea de gran audacia, dada la naturaleza fragmentaria y abismal de su prosa.
La figura de Burroughs, nacido en 1914 en Saint Louis, Misuri, sigue siendo objeto de debate. Proveniente de una familia acomodada, el escritor vivió una vida marcada por el desenfreno, el consumo de drogas y una biografía que incluye episodios oscuros. En 1951, mientras residía en México, Burroughs mató accidentalmente a su segunda esposa, Joan Vollmer, al dispararle en la frente mientras intentaban recrear una escena de Guillermo Tell. Aunque fue encarcelado, su familia pagó la fianza y él huyó a Europa, sin enfrentar mayores consecuencias legales por el hecho.
Este episodio, sumado a su participación junto a Jack Kerouac en el encubrimiento del asesinato cometido por su amigo Lucien Carr, ha generado una constante tensión entre su obra y su vida personal. Resulta irónico que, en 1970, Burroughs escribiera una carta abierta contra Truman Capote, condenándolo por su deseo de que los asesinos de 'A sangre fría' fueran ejecutados para cerrar su novela, acusando a Capote de usar su talento para el mal.
Burroughs, quien falleció en 1997 a los 83 años a causa de un paro cardíaco, dejó un legado que, según los críticos, no debe ser separado de su biografía. La propuesta actual es integrar la complejidad de su vida —incluyendo sus zonas más sombrías— con la lectura de sus textos, permitiendo que el lector atraviese el "infierno" que el autor plasmó en sus páginas, donde la culpa cósmica y la ruptura de la conciencia son los ejes centrales.


