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La geopolítica de los límites: el poder frente a la crisis ambiental

La crisis ambiental actual no solo representa un desafío ecológico, sino una profunda disputa política donde el poder económico determina quién puede protegerse de las consecuencias y quién termina asumiendo el costo de la escasez.

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Por Redacción

Mesa de Edición • Inferencia

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La geopolítica de los límites: el poder frente a la crisis ambiental
La geopolítica de los límites: el poder frente a la crisis ambiental Foto: La Jornada

Lo Esencial • Puntos Clave

  • La crisis ambiental actual no solo representa un desafío ecológico, sino una profunda disputa política donde el poder económico determina quién puede protegerse de las consecuencias y quién termina asumiendo el costo de la escasez.

La crisis ambiental contemporánea ha dejado de ser un escenario estable para convertirse en el eje central de una nueva geopolítica. Durante siglos, la humanidad confió en que la tecnología y la Revolución Industrial, con sus avances en agricultura, fertilizantes, vacunas y antibióticos, permitirían superar los límites planteados a finales del siglo XVIII por Thomas Malthus. Sin embargo, el problema actual no radica en la cantidad de población, sino en la forma en que vivimos, producimos y consumimos.

Hoy, el planeta enfrenta límites de absorción para el carbono, los contaminantes y los plásticos. La paradoja es que, mientras el progreso técnico logró postergar el hambre y la enfermedad, el deterioro ambiental amenaza con revertir estos avances. Esta amenaza es global, pero la protección frente a ella no lo es. El poder político y económico define quién tiene acceso a recursos básicos como el agua, los alimentos y la energía cuando estos escasean.

La capacidad de comprar seguridad se ha convertido en una nueva frontera. Las economías más poderosas tienen la posibilidad de diversificar proveedores, construir infraestructura hídrica, subsidiar energía y fortificar fronteras, desplazando los costos ambientales hacia otros territorios. Como señala el análisis, "la escasez no desaparece: cambia de lugar".

Ante este panorama, la salud pública debe evolucionar. Ya no basta con enfocarse en hospitales y medicamentos; es imperativo integrar los determinantes geopolíticos a la agenda sanitaria. Un sistema de salud moderno debe anticipar cómo garantizar el suministro de agua y energía, cómo responder ante olas de calor o inundaciones, y cómo gestionar la atención de poblaciones desplazadas. En última instancia, la crisis es planetaria y política: "El planeta pone los límites. El poder decide quién paga por ellos".

Este análisis fue elaborado con las perspectivas de los autores:

1. Director general del IMSS-Bienestar. México. Ciudad de México.

2. Asesor del Fondo de Población de Naciones Unidas. Kenia. Nairobi.

Aviso de cobertura: Edición, verificación y contextualización elaborada por la Mesa de Redacción de Inferencia a partir de despachos informativos de La Jornada.

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