El uso de la inteligencia artificial (IA) generativa ha impulsado el desarrollo de múltiples herramientas en línea diseñadas para identificar textos creados por máquinas, muchas de ellas orientadas al sector docente y académico. Aunque estas plataformas han mejorado su rendimiento en años recientes, su capacidad para determinar la autoría de un texto sigue siendo objeto de debate.
Thierry Poibeau, director de investigación en el CNRS y especialista en procesamiento automático del lenguaje, explica que estos sistemas funcionan buscando "regularidades" o "tics de lenguaje" en los textos. Según el experto, herramientas como las desarrolladas por la empresa Pangram, fundada en 2023, analizan señales sutiles en la escritura. Un ejemplo histórico de estas señales son las construcciones ternarias o el uso de guiones largos, rasgos comunes en textos científicos o novelas estadounidenses con los que fueron entrenados los modelos iniciales.
Sin embargo, la fiabilidad de estos detectores es cuestionada. Aunque muchas herramientas prometen índices superiores al 99%, los resultados no son concluyentes. WinstonAI, sistema creado en 2022, precisa que sus reportes solo señalan textos "susceptibles de haber sido generados con IA". En la misma línea, Max Spero, director general y cofundador de Pangram, declaró en mayo de 2026 a The Atlantic que su tecnología nunca debería ser "el árbitro final", sino un punto de partida para una investigación más profunda.
El desafío principal radica en la evolución constante de los modelos de IA, que buscan imitar cada vez mejor el lenguaje natural. Además, Poibeau advierte sobre el riesgo en la literatura: "La herramienta puede detectar en la escritura algo particular, algo repetitivo, pero quizá sea precisamente eso lo que constituye el estilo de un escritor".

