SARAYAKU, Ecuador. — En el corazón de la Amazonía ecuatoriana, el pueblo Kichwa de Sarayaku ha mantenido durante generaciones una relación armónica con su entorno, fundamentada en la cosmovisión de Kawsak Sacha, o la "selva viviente". Esta conexión, que guía sus decisiones comunitarias y agrícolas, ha sido recientemente validada por una investigación científica que analiza el impacto de sus cultivos en las redes de hongos micorrícicos.
El estudio, desarrollado en colaboración entre la comunidad de Sarayaku y la Society for the Protection of Underground Networks (SPUN), analizó la diversidad de hongos asociados a las raíces de las plantas. Los resultados identificaron más de 1,200 especies de hongos micorrícicos arbusculares, una cifra significativamente superior a los registros obtenidos en suelos no cultivados y agrícolas de la región andina de Ecuador, donde se contabilizaron 72 y 40 especies respectivamente.
El sistema agrícola de Sarayaku se basa en un ciclo rotativo de cuatro etapas: chakra (huerto joven), ushu (etapa adulta), purun (descanso) y ruku purun (retorno a bosque primario tras 15 a 20 años). Según Adriana, líder de Ciencia de Campo de SPUN, este modelo es exitoso debido a su pequeña escala y a que evita la degradación del suelo al ser temporal. La investigación utilizó técnicas de secuenciación illumina y robots de alta capacidad para observar cómo estas redes fúngicas intercambian nutrientes con las plantas, protegiéndolas contra patógenos y sequías.
José Gualinga, líder de Sarayaku, destacó la importancia de estos hallazgos para la defensa de su territorio: “Los sabios de nuestro pueblo dedican su vida para poder interpretar los sueños y así poder tomar decisiones acertadas para su comunidad y territorio. Los estudios que se hacen en Sarayaku nos deben servir para aumentar la argumentación para proteger nuestro territorio”.
Para formalizar esta colaboración, se creó el proyecto SACI (Ciencia Intercultural), que busca integrar el conocimiento científico occidental con los saberes ancestrales. Sabine Bouchat, investigadora de Sarayaku, concluyó que la ciencia está comenzando a hacer visible, mediante tecnología, aquello que la comunidad ha percibido durante años: una red subterránea que conecta la selva, cuya visibilidad es clave para su conservación.


