La partida de Gloria Steinem ocurre en un contexto donde las batallas que definieron su trayectoria profesional y personal han cobrado una vigencia renovada. En Estados Unidos, la ofensiva conservadora contra los derechos sexuales y reproductivos ha pasado de ser una advertencia a una realidad tangible. En 2022, el Tribunal Supremo anuló Roe vs. Wade, la sentencia que durante casi 50 años garantizó la protección constitucional del derecho al aborto, delegando a los estados la facultad de restringir o prohibir esta práctica.
Más allá de los derechos reproductivos, el debate público ha visto el resurgimiento de posturas que cuestionan principios democráticos fundamentales. Sectores conservadores han planteado la idea de un “voto por familia”, una propuesta que busca que el hombre tome las decisiones políticas en nombre del núcleo familiar, una tutela que Steinem combatió durante toda su vida. Su activismo incluyó la defensa del derecho al aborto, la autonomía sobre el propio cuerpo y, en 1970, la presentación ante el Senado de la Enmienda de Igualdad de Derechos.
No obstante, el legado de Steinem trasciende los retrocesos actuales. Su vida es un testimonio de la capacidad transformadora de las mujeres cuando se organizan y colaboran. Logros que hoy son parte de la cotidianidad, como el acceso a anticonceptivos, el trabajo remunerado, la libertad sexual y el derecho a una vida independiente, fueron considerados en su momento como metas radicales o imposibles. Steinem dedicó su existencia a ampliar las posibilidades de vida para las mujeres, recordándonos que el feminismo es una fuerza colectiva que une generaciones y experiencias diversas bajo una causa común.


