Un reciente estudio publicado en la revista Science ha abierto una nueva línea de investigación médica al explorar el uso de la psilocibina, el compuesto activo de los hongos alucinógenos, como un agente protector contra la neuropatía periférica inducida por la quimioterapia. Esta complicación, que afecta a aproximadamente tres cuartas partes de los pacientes oncológicos, se manifiesta mediante entumecimiento, hormigueo y, en cerca de un tercio de los casos, dolor persistente que puede perdurar mucho tiempo después de concluir el tratamiento.
Patrick Dougherty, especialista en dolor del Centro Oncológico MD Anderson de la Universidad de Texas y coautor del estudio, explicó que este daño nervioso no solo impacta la calidad de vida, sino que obliga frecuentemente a los oncólogos a reducir o suspender las dosis de quimioterapia, afectando las probabilidades de supervivencia. Los experimentos, realizados principalmente en ratones y tejidos humanos, demostraron que la administración de dos dosis de psilocibina antes del tratamiento previno la hipersensibilidad dolorosa durante hasta seis ciclos de quimioterapia, sin interferir con la respuesta inmunitaria ni con la eficacia antitumoral.
El mecanismo identificado sugiere que la sustancia protege los nervios sensoriales y estimula el transporte de mitocondrias, las cuales suelen ser destruidas por la quimioterapia, impidiendo que la energía llegue a las extremidades. Además, se observó una preservación de la actividad eléctrica cerebral. Kristy Townsend, profesora de neurobiología de la Universidad Estatal de Ohio, calificó el hallazgo como "muy prometedor", destacando que una versión no alucinógena de la molécula mostró resultados similares en laboratorio.
No obstante, los expertos subrayan la necesidad de cautela. El psiquiatra Gregory Jones, coautor del trabajo, advirtió sobre los riesgos de la automedicación, señalando que el uso de esta sustancia sin supervisión profesional podría agravar el estado emocional de pacientes ya vulnerables. El Centro Oncológico MD Anderson tiene previsto iniciar un ensayo clínico con pacientes este otoño boreal, con una duración estimada hasta 2031, para validar la seguridad y eficacia del tratamiento en humanos.


