LA HABANA, Cuba. — La embajada de Estados Unidos en Cuba ha emitido una serie de alertas durante la última semana dirigidas a sus ciudadanos, advirtiendo sobre un incremento significativo en la incidencia de enfermedades diarreicas y una mayor actividad delictiva en el país. Estas advertencias coinciden con un periodo de tensión diplomática y económica, mientras Washington sostiene su política de presión contra el gobierno cubano.
En un comunicado difundido este viernes a través de la red social X, la sede diplomática señaló que ha observado un aumento en casos de infecciones por bacterias como Escherichia coli y Shigella, además de otros patógenos gastrointestinales. La embajada atribuyó esta situación al "continuo deterioro de la infraestructura de agua y energía", factores que impactan directamente en el suministro de agua potable, así como en el almacenamiento y control de temperatura de los alimentos.
Previamente, hace una semana, la misión diplomática ya había alertado sobre los "importantes desafíos para la salud y la seguridad" derivados de la falta de agua y los cortes de energía. En sus reportes, la embajada responsabiliza de estas condiciones a "la mala gestión de la infraestructura pública por parte del régimen" de La Habana, mientras que las autoridades cubanas señalan a Washington como el causante de la crisis mediante el bloqueo y las sanciones vigentes.
En cuanto a la seguridad pública, una tercera alerta emitida hace tres días advirtió sobre un "aumento notable de hurtos o robos al descuido" en vehículos en toda La Habana. Según la representación estadounidense, "el deterioro de las condiciones económicas ha provocado un aumento generalizado de la delincuencia en Cuba".
La isla, con una población de 9.4 millones de habitantes, atraviesa una severa crisis económica caracterizada por una inflación elevada, escasez de insumos básicos y apagones que han alcanzado hasta 60 horas en diversas regiones. A pesar de la política de máxima presión y el embargo vigente desde 1962, Estados Unidos ha enviado recientemente cargamentos de ayuda humanitaria, cuya distribución ha sido gestionada a través de la iglesia católica.


