El fenómeno climático conocido como El Niño, caracterizado por el incremento de la temperatura en la superficie del agua en las zonas tropicales del Pacífico, se encuentra en una fase de intensificación crítica. Según el boletín mensual de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), este evento, activo desde junio, está adquiriendo proporciones significativas que amenazan con alterar los patrones de precipitación y temperatura a nivel global.
La OMM ha señalado que existe una probabilidad del 100% de que este episodio se mantenga vigente hasta febrero de 2027. Aunque El Niño suele presentarse en ciclos de dos a siete años con una duración de nueve a doce meses, la magnitud actual del fenómeno es motivo de especial atención. "Se prevé que el episodio alcance una intensidad muy fuerte antes de llegar a su apogeo hacia finales de año", advirtió la organización.
El impacto de este evento se suma a la crisis climática provocada por la quema de combustibles fósiles, lo que eleva la temperatura media mundial. Si bien la OMM subraya que la intensidad del fenómeno no garantiza una magnitud específica de efectos en regiones concretas, sí aumenta la probabilidad de cambios sustantivos y fenómenos meteorológicos extremos, tal como ocurrió en el periodo 2023-2024, cuando se registraron temperaturas globales récord.
Ante esta situación, el secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, lanzó una advertencia contundente: "El fenómeno de El Niño está adquiriendo enormes proporciones ante nuestros ojos. La ciencia no deja lugar a dudas: el planeta se adentra en aguas desconocidas, aguas que se están calentando". Guterres enfatizó que el mundo ya se encuentra en una "zona de peligro" debido al constante aumento de las temperaturas en la superficie del mar y la frecuencia de eventos climáticos adversos.


