Al concluir el verano, muchas personas enfrentan el retorno a sus actividades cotidianas no solo como una vuelta a la normalidad, sino como una oportunidad para transformar aspectos de su vida. Este impulso, similar al que ocurre con el inicio de un nuevo año, es analizado por especialistas como María Mínguez, psicóloga sanitaria y directora de Kensho Clínica, quien señala que septiembre funciona como una referencia temporal clave para el balance personal.
“Septiembre tiene mucha relación con los nuevos comienzos. Venimos de unas semanas en las que suele cambiar nuestra relación con el tiempo, y la vuelta a una estructura más estable facilita que hagamos balance y pensemos qué queremos recuperar o cambiar”, explica Mínguez. Para Tania, de 27 años, esta fecha actúa como un “reseteo” mental que le permite proyectar expectativas para el curso entrante.
Sin embargo, la experta advierte sobre los riesgos de esta presión autoimpuesta. “A veces, necesitamos referencias temporales que nos ayuden a cerrar una etapa y abrir otra. El problema aparece cuando ese ‘nuevo comienzo’ deja de ser una oportunidad y se convierte en un examen sobre cómo debería ser nuestra vida. No necesitamos volver de vacaciones convertidos en una versión mejorada de nosotros mismos”, subraya Mínguez.
El respaldo científico a este comportamiento se encuentra en el llamado “efecto de nuevo comienzo”, un concepto explorado en una investigación de 2014 publicada en Management Science, que sugiere que ciertos hitos temporales motivan a las personas a romper con errores pasados. No obstante, un estudio de 2023 en el International Journal of Social Psychiatry advierte que una brecha excesiva entre el “yo real” y el “yo ideal” puede derivar en síntomas de ansiedad y depresión, especialmente en jóvenes con menor resiliencia.
Las estadísticas sobre el éxito de estos propósitos son reveladoras. Una encuesta sobre los objetivos de los británicos para 2025 indica que solo el 9% logra mantener sus metas durante todo el año, mientras que el 20% desiste en menos de un mes. Ante este panorama, Mínguez sugiere que la clave reside en la transición gradual y la sostenibilidad.
“Los cambios sostenibles suelen construirse más desde la repetición que desde la intensidad”, afirma la psicóloga. Para lograrlo, recomienda definir objetivos concretos y realistas que puedan convivir con la realidad diaria, evitando interpretar las interrupciones como fracasos definitivos. “Quizá uno de los mejores objetivos para septiembre sea observar nuestra vida actual con algo más de atención y preguntarnos: ‘¿Hay algo que pueda hacer de una manera un poco más amable conmigo cuando vuelva a mi rutina?’”, concluye.


