Cada mes, la vida de Grace, una adolescente de 14 años residente en Yorkshire, a unos 270 kilómetros al norte de Londres, se detiene. El dolor menstrual es tan agudo que sus padres deben cargarla hasta el auto para trasladarla al hospital, donde a menudo espera horas en urgencias solo para ser enviada a casa con analgésicos más fuertes. Durante mucho tiempo, Grace sintió que su sufrimiento era minimizado: "Sentía que me veían como una niña que no quería ir al colegio y que estaba exagerando", relató.
Antes de obtener un diagnóstico, los médicos atribuyeron sus síntomas a condiciones como el síndrome del intestino irritable, quistes, ansiedad o simplemente una "mala menstruación". A pesar de que comenzó a menstruar a los 11 años, no fue hasta los 13 que el dolor se volvió insoportable, describiéndolo como tener "alambre de púas caliente" alrededor del abdomen. "Es como si me estuvieran desgarrando los órganos", confesó.
La falta de reconocimiento médico fue el mayor obstáculo. Ni su médico de cabecera ni un especialista privado inicial creyeron en la gravedad de su condición, argumentando que era "demasiado joven" para padecer endometriosis. Fue necesaria una segunda opinión privada para confirmar la enfermedad. Actualmente, Grace ha sido tratada con morfina, co-codamol y tramadol, lo que le genera temor ante una posible dependencia a los opioides.
La endometriosis afecta al 10% de las mujeres, según el NHS. Faye Farthing, portavoz de Endometriosis UK, enfatiza que es un error común pensar que solo afecta a mujeres mayores. La doctora Gail Busby, ginecóloga pediátrica, advierte que cuando el dolor impide realizar actividades cotidianas, como asistir a clases de educación física o socializar, no debe considerarse normal. Busby, quien dirige una clínica privada en Mánchester, subraya que el impacto emocional y educativo en estas jóvenes es devastador.
Tras someterse a una laparoscopia para eliminar el tejido, Grace ahora sigue un tratamiento con anticonceptivos hormonales. Además, enfrenta la presión de una posible afectación en su fertilidad, habiendo sido advertida de que podría tener dificultades para concebir después de los 30 años. "Tengo que tener hijos en los próximos 15 años, de lo contrario, puede que no pueda", señaló. A través de su testimonio, Grace busca alzar la voz para que otras adolescentes no duden de su propia realidad: "Tú conoces tu cuerpo mejor que nadie y tu dolor es real".


