A punto de cumplirse 60 años desde que 'El graduado' lo catapultó a la fama en 1967, el actor Dustin Hoffman ha decidido realizar un ejercicio de introspección para escribir sus memorias, tituladas 'Look at me'. El californiano, de 89 años, asegura que al revisar su filmografía siente orgullo por su trabajo, aunque admite que ver sus interpretaciones pasadas es como observar a otra persona. El camino de Hoffman no fue sencillo; en sus inicios, su tía Pearl le llegó a decir que no era lo suficientemente guapo para la actuación, una percepción que desafió al convertirse en un icono del Nuevo Hollywood, redefiniendo la figura del galán cinematográfico con su estatura de 1,65 metros y una vulnerabilidad que conectó con el público.
El proceso de escritura, realizado con la colaboración de la redactora de The New Yorker, Ariel Levy, fue un desafío emocional. Hoffman tuvo que enfrentar la pérdida de amigos cercanos y colegas como Robert Redford, Gene Hackman y Robert Duvall, con quienes compartió sus inicios en Nueva York. El actor recuerda con especial afecto su convivencia con Hackman y Duvall, y destaca la intensidad de su trabajo en clásicos como 'Todos los hombres del presidente', donde junto a Redford implementó la técnica de aprenderse los diálogos del otro para lograr una mayor naturalidad.
Famoso por su meticulosidad y por cuestionar cada línea de diálogo para encontrar la verdad emocional de sus personajes, Hoffman aplicó este mismo rigor al revisar sus películas. Admite que le sorprendió la calidad de cintas como 'La cortina de humo' y 'Todos los hombres del presidente'. A pesar de su extensa trayectoria, que incluye dos premios Óscar y seis nominaciones en 20 años, el actor no se ha retirado. A principios de este año protagonizó el thriller 'Tuner', dirigido por Daniel Roher, donde interpreta a un afinador de pianos. Al reflexionar sobre su vida y la distinción entre sus logros profesionales y su bienestar personal, Hoffman es tajante: “El éxito es más fácil que la felicidad”.


