BERLÍN, Alemania. — En el marco de las elecciones regionales que se celebran este mes de septiembre en Alemania, el voto por correo ha sido objeto de intensas críticas y teorías de conspiración, particularmente en estados como Sajonia-Anhalt. A pesar de las acusaciones difundidas en redes sociales por sectores vinculados a la ultraderecha, como Alternativa para Alemania (AfD), los análisis técnicos y las autoridades electorales han ratificado la fiabilidad del sistema.
Las denuncias sobre supuestas irregularidades, que han circulado en plataformas como TikTok, X y Facebook, han sido calificadas como engañosas. Un caso citado frecuentemente involucró a una mujer de 95 años con demencia en Dessau; sin embargo, las investigaciones policiales no hallaron evidencia de manipulación. Asimismo, en Magdeburgo, el envío accidental de 440 papeletas duplicadas fue resuelto mediante la anulación de los documentos, impidiendo cualquier uso indebido.
Expertos como Lukas Stötzer, investigador electoral de la Universidad de Witten/Herdecke, señalan que los problemas logísticos documentados históricamente han sido de carácter administrativo y no constituyen fraude generalizado. "El sistema de voto por correo funciona y es seguro, y por eso cada vez es más popular", afirmó Stötzer, subrayando que cualquier incidente ha sido revisado por vías legales con consecuencias proporcionales.
El proceso de escrutinio en Alemania es público y está sujeto a supervisión ciudadana, lo que desmiente las narrativas sobre conteos a puerta cerrada. Christa Dieckmann, responsable electoral de Sajonia-Anhalt, enfatizó que la observación ciudadana en los centros de votación es la garantía fundamental para asegurar la legitimidad de los resultados. Además, no se han encontrado pruebas de presiones sistemáticas en residencias de ancianos, una acusación recurrente en el discurso político.
El fenómeno de desinformación sobre el voto postal no es exclusivo de Alemania; se ha observado en otras democracias, como en las elecciones presidenciales de 2020 en Estados Unidos. Según Stötzer, estas narrativas forman parte de una estrategia política para erosionar la confianza en las instituciones democráticas y justificar futuras reformas electorales que favorezcan a ciertos grupos políticos.


