El 26 de agosto, una pared oscura de escombros, lodo y hielo descendió a gran velocidad por el valle de Gyirong, en la frontera entre Nepal y Tíbet, borrando del mapa edificios y vehículos en cuestión de minutos. Las imágenes captadas por cámaras de seguridad, que rápidamente se viralizaron, ofrecen una visión aterradora de la magnitud del desastre que, según expertos como el hidrólogo Ajay Dixit, ocurrió en una zona geológicamente vulnerable caracterizada por desfiladeros profundos y ríos de flujo rápido.
La tragedia golpeó un punto neurálgico donde convergen peregrinos, comerciantes y turistas. Tika Ram Pokharel, el único empleado sobreviviente de la oficina de inmigración de Rasuwagadhi, quien se encontraba en Katmandú presentando un examen, relató que el cruce estaba inusualmente concurrido. Según registros electrónicos, a las 08:35:03 hora local, se completó el último trámite migratorio, apenas diez minutos antes de que el torrente de lodo impactara la zona. En ese lapso, 89 personas habían sido autorizadas para salir de Nepal hacia Tíbet, incluyendo ciudadanos de India, China, Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia e Italia.
El impacto humano es devastador. El Ministerio de Asuntos Exteriores de India ha reportado al menos 275 indios desaparecidos en Nepal. Entre los afectados se encuentra un grupo de 77 peregrinos de la Fundación Isha. El jefe de la oficina de inmigración de Rasuwagadhi figura entre las víctimas mortales confirmadas, cuyo cuerpo fue recuperado río abajo.
La zona de Ghatte Khola Bazar, que albergaba hoteles, negocios y oficinas hidroeléctricas, quedó reducida a ruinas. Posh Raj Pandey, presidente emérito de South Asia Watch on Trade, Economics and Environment, destacó la importancia estratégica de este paso, que representa cerca de un tercio de los 2.950 millones de dólares del comercio de Nepal con China. Ante la interrupción de esta ruta y el cierre temporal de Tatopani, Nepal enfrenta una crisis logística que obliga a reconsiderar su estrategia de desarrollo y la seguridad de sus proyectos hidroeléctricos.
Para Pokharel, el dolor es personal: "Mis 40 o 50 amigos más cercanos están desaparecidos". Aunque el personal de la oficina era consciente del riesgo tras las inundaciones de julio de 2025, la velocidad del alud, provocado por el derrumbe parcial de un glaciar según el Centro de Hidrología e Investigación de Recursos Hídricos de Nepal, no dio margen de maniobra.


