CIUDAD DE MÉXICO, CDMX. — En una época marcada por producciones faraónicas, David Byrne optó por la limpieza escénica y el minimalismo teatral durante la primera de sus tres noches programadas en el Teatro Metropólitan. El escenario, despojado de grandes estructuras o pantallas excesivas, se convirtió en un espacio vibrante gracias a la presencia de 12 músicos y bailarines que integraron música y coreografía en una puesta en escena dinámica.
La propuesta estética de Byrne, quien inició su trayectoria en 1975 con la banda Talking Heads, busca trascender la mera recreación de su discografía. A través de un repertorio que abarcó desde el gospel funk de sus inicios hasta influencias de afrobeat y coladeira caboverdiana, el artista utilizó el espacio para proyectar elementos visuales que iban desde una escalera de emergencia en Brooklyn hasta arte gráfico oaxaqueño con mensajes políticos, incluyendo una calavera con la leyenda "Fuck ICE".
El concierto funcionó como un ejercicio de comunidad. Byrne, quien ha declarado que "estamos programados genéticamente para prestar más atención a lo sombrío y aterrador", reafirmó su misión de hacer la vida menos hostil. "Nunca olvidemos que a la gente le encanta convivir", expresó el músico hacia el final del recital.
El setlist incluyó temas emblemáticos como Houses in Motion, This must be the place, Psycho Killer y Burning Down the House, este último cerrando la velada con una intensidad que, según la crónica, pudo registrar algún microsismo por el salto de los asistentes. El compromiso político del artista, quien en 2020 afirmó ante Spike Lee que "los días de simplemente brindar entretenimiento se acabaron", quedó patente al proyectar videos de manifestaciones contra el ICE en Estados Unidos durante la interpretación de Life during wartime.


