La tragedia, desencadenada por el desprendimiento de un glaciar en el Himalaya, ha movilizado esfuerzos internacionales de ayuda humanitaria que enfrentan serias dificultades logísticas para llegar a las áreas más afectadas. Según el organismo de gestión de desastres de Nepal, el número de fallecidos en su territorio asciende a 1,259, mientras que en la región autónoma del Tíbet, en China, las autoridades han confirmado 21 decesos.
La cifra de desaparecidos ha sido ajustada al alza por las autoridades nepalíes, alcanzando los 5,083, mientras que en China la prensa estatal reporta 541 personas en la misma condición. El total de desaparecidos asciende a 5,624, incluyendo al menos 600 ciudadanos extranjeros provenientes de más de 30 países.
Lila Pieters Yahia, coordinadora de la ONU, describió la situación desde Katmandú: "Es simplemente increíble, la magnitud de la catástrofe, la magnitud de la destrucción". La funcionaria subrayó que el acceso a las zonas afectadas ha sido "muy, muy, muy difícil", aunque las agencias de la ONU han logrado entregar kits de agua, saneamiento, alimentos y medicamentos.
El drama humano se refleja en testimonios como el de Sanjeev Rai, un estadounidense de 53 años que busca a su esposa, Jiwan Jyoti, desaparecida tras una peregrinación al monte Kailash. "Estoy desesperado, han pasado ya muchos días", declaró. En China, la situación es similar, con familias utilizando redes sociales para difundir fotografías de sus seres queridos, bajo un estricto control informativo del gobierno que prohíbe el trabajo de periodistas extranjeros en el Tíbet.
Ante la complejidad del terreno, las agencias de ayuda en Nepal evalúan desplegar porteadores, expertos en recorrer senderos empinados con cargas pesadas, para asistir a los habitantes de los distritos fronterizos. Paralelamente, los equipos de rescate mantienen sus esfuerzos para localizar posibles sobrevivientes que podrían encontrarse atrapados en túneles hidroeléctricos.
