A casi dos décadas del colapso de Lehman Brothers, ocurrido el 15 de septiembre de 2008, la economía de Estados Unidos enfrenta una nueva coyuntura de alta volatilidad. El costo de financiamiento del país se acerca a los niveles registrados antes de aquella crisis, considerada la peor desde la Gran Depresión de 1929.
El escenario actual se ve agravado por un complejo entorno macroeconómico. La inflación anual se situó en 3.4 por ciento en agosto de 2026, moderando su descenso hacia la meta del 2 por ciento, impulsada principalmente por el repunte en los precios del petróleo derivado del conflicto en Irán. Este factor, sumado a un desequilibrio fiscal persistente, ha llevado la deuda pública estadounidense a superar la cifra histórica de 40 billones de dólares en agosto de 2026.
La rentabilidad del bono del Tesoro se mantiene en el umbral del 5 por ciento, un nivel no visto en 19 años, lo que refleja una mayor exigencia de intereses por parte de los inversionistas. Carlos Ponce, socio fundador y director general de SNX, explicó que la tasa del bono a 10 años, que sirve como referencia para créditos hipotecarios, automotrices y tarjetas de crédito, impacta directamente en el valor de las acciones al reducir el valor presente de los flujos de efectivo futuros.
El mercado financiero permanece atento a las próximas decisiones de la Reserva Federal (Fed), con una probabilidad del 70 por ciento de un incremento de 0.25 puntos porcentuales en las tasas de interés. A pesar de los intentos de intervención mediante la compra de bonos por parte del secretario del Tesoro, la volatilidad persiste. "Todo apunta a días volátiles", advirtió Ponce, ante la expectativa de que el alza en los precios del crudo presione nuevamente la inflación en septiembre.


