La sostenibilidad ha dejado de ser un componente opcional en el sector inmobiliario mexicano para convertirse en un eje central de las decisiones de inversión. De acuerdo con datos de Imperquimia, el mercado nacional de materiales de construcción ecológicos alcanzó un valor de 357.8 millones de dólares en 2025, con una proyección de superar los 1,000 millones de dólares hacia 2034, lo que representa una tasa de crecimiento anual compuesto cercana al 12 por ciento.
El compromiso con el medio ambiente es notable entre los actores del sector en el país. Según el Barómetro de la Construcción Sostenible de Saint-Gobain, citado por Imperquimia, el 55% de los constructores en México reconoce que los proyectos sostenibles generan valor tangible, una cifra que supera el 47% registrado a nivel global y el 50% observado en América Latina.
Presión regulatoria y fiscal
El marco normativo ha sido un catalizador fundamental para este cambio. Desde abril de 2025, el Gobierno de la Ciudad de México implementó un impuesto a las emisiones de gases contaminantes para fuentes fijas industriales, estableciendo una tarifa de 58 pesos por tonelada de CO2 equivalente emitida. Esta medida, pionera en el Valle de México, se alinea con esquemas similares ya vigentes en el Estado de México.
Al respecto, Ricardo Rojas, gerente de Marketing de Imperquimia, señaló: “Este tipo de medidas confirma que la sustentabilidad dejó de ser un tema de imagen para convertirse en un factor que las empresas deben incorporar en sus decisiones de inversión, porque incide directamente en el valor y la vigencia de sus proyectos”.
El reto de los Compuestos Orgánicos Volátiles (COV)
La industria química de la construcción enfrenta el desafío de reducir los Compuestos Orgánicos Volátiles (COV), sustancias reguladas en México desde hace más de 20 años. Tan solo en la Ciudad de México, el uso de solventes orgánicos en actividades como la aplicación de recubrimientos arquitectónicos genera más de 100,000 toneladas anuales de estas emisiones. En respuesta, Imperquimia ha enfocado sus desarrollos en formulaciones con bajo o nulo contenido de COV, permitiendo que los desarrolladores cumplan con sus metas ambientales sin sacrificar el desempeño técnico de las obras. Finalmente, las certificaciones internacionales como LEED se consolidan como un estándar indispensable para inversionistas y desarrolladores en el país.

