El panorama educativo en Estados Unidos se ha transformado en un campo de batalla ideológico. Según datos de la Oficina para la Libertad Intelectual de la Asociación de Bibliotecas de EE. UU. (ALA) y la organización PEN America, la prohibición de libros ha escalado de forma alarmante. Mientras que en las dos primeras décadas del siglo XXI el promedio de censura era de 70 libros al año, solo en 2025 se contabilizaron 6,588 títulos vetados en escuelas públicas.
El fenómeno, que comenzó como una tendencia local impulsada por grupos conservadores, ha escalado hacia legislaturas estatales y el ámbito federal. Organizaciones como Moms for Liberty, liderada por Tina Descovich, defienden estas medidas bajo el concepto de "derechos parentales", argumentando que buscan proteger a los niños de contenidos sexualmente explícitos o ideologías inapropiadas. Sin embargo, activistas como Stephana Ferrell, del Proyecto Libertad para Leer de Florida (FFTRP), denuncian que estas acciones son lideradas por grupos de interés con escasos vínculos con el sistema escolar público.
La metodología de censura varía según el estado. En lugares como Utah y Carolina del Sur, existen listas estatales de "no leer" que incluyen obras como El cuento de la criada de Margaret Atwood, Gente normal de Sally Rooney, Las ventajas de ser invisible de Stephen Chbosky, la saga Una corte de rosas y espinas de Sara J. Maas, y Ugly Love de Colleen Hover. A fecha del 6 de julio, Utah prohibía 36 libros y Carolina del Sur 22, tras la inclusión de cuatro novelas de Stephen King.
Un caso emblemático ocurrió en el condado de Hillsborough, Florida, donde la presión de funcionarios estatales llevó al retiro inmediato de 59 libros, incluyendo Homegoing de Yaa Gyasi y Choque de Reyes de George R.R. Martin, sin seguir los procedimientos técnicos de revisión. Este tipo de intervenciones ha generado un "efecto inhibidor" (chilling effect), donde bibliotecarios y docentes retiran materiales preventivamente para evitar sanciones o escrutinio público.
El debate político también ha sido intenso. Tras el intento de la administración de Joe Biden por investigar estas restricciones, el gobierno de Donald Trump desestimó las denuncias al asumir la presidencia, calificando el fenómeno de mito y eliminando la figura del "coordinador de prohibiciones de libros". Actualmente, el Congreso debate un proyecto de ley republicano que busca retirar fondos federales a escuelas que proporcionen materiales con contenido sexual a menores de 18 años.


