El reciente acuerdo petrolero anunciado por la Administración Trump, que contempla la explotación de reservas por 65.000 millones de barriles, enfrenta un escepticismo creciente en los mercados financieros. Mientras el presidente estadounidense calificó la operación como una de las más importantes de la historia, bancos de inversión como UBS han advertido que el impacto en los precios será limitado a corto plazo debido a la profunda crisis estructural del sector en Venezuela.
El pacto otorga a North American Blue Energy Partners (NABEP), propiedad de Alejandro Betancourt, una concesión de 100 años para operar 17 yacimientos. Aunque el secretario de Energía, Chris Wright, aseguró desde Caracas que la producción se duplicará en los próximos años, la consultora Rystad Energy sostiene que el país tardará décadas en recuperarse. Actualmente, Venezuela extrae 1,1 millones de barriles diarios, una cifra que, según Rystad, no alcanzará sus máximos históricos hasta 2050, requiriendo una inversión estimada de 85.000 millones de dólares.
La infraestructura venezolana, deteriorada por años de desinversión y sanciones, representa un desafío mayor. UBS subraya que, además de capital, se requiere experiencia técnica y un entorno político estable. La incertidumbre interna es palpable, con críticas tanto de la oposición como de sectores radicales del chavismo. Asimismo, la posible salida de Venezuela de la OPEP, reportada por Bloomberg, añade una capa de complejidad geopolítica que podría presionar al gobierno de Delcy Rodríguez.
En el frente corporativo, la cautela predomina. Gigantes como ExxonMobil y ConocoPhillips, que abandonaron el país en 2007 tras la nacionalización de activos, aún no han confirmado su retorno. Por el contrario, Chevron ha anunciado una inversión de 7.000 millones de dólares en los próximos cinco años con el objetivo de duplicar su producción para 2031, mientras que la española Repsol planea acelerar sus inversiones para triplicar su producción local.
Finalmente, los analistas coinciden en que factores externos, como el conflicto en el estrecho de Ormuz, tienen un impacto mucho más inmediato en el mercado. Con el barril de brent alcanzando los 95 euros tras el recrudecimiento de las tensiones entre Estados Unidos e Irán, la situación en Oriente Próximo sigue siendo el principal motor de la volatilidad en los precios del crudo.


