NUEVA YORK, EE. UU. — En una reunión a puerta cerrada celebrada la noche del martes en el hotel Lotte Palace, Donald Trump y Delcy Rodríguez sellaron una inusual afinidad política que marca un giro radical en la relación entre Estados Unidos y Venezuela. El encuentro tuvo lugar en el marco de una recepción ofrecida por Trump a mandatarios extranjeros que asisten a la Asamblea General de la ONU, a menos de 15 kilómetros de la cárcel de Brooklyn donde permanece recluido el expresidente Nicolás Maduro.
La delegación estadounidense que acompañó a Trump incluyó al secretario de Estado, Marco Rubio; al secretario del Tesoro, Scott Bressent; a la jefa de gabinete, Susie Wiles, y al asesor de Seguridad Nacional, Stephen Miller. Aunque el contenido de la conversación no ha sido revelado, el evento simboliza el clímax de una relación que ha pasado de la confrontación a la cooperación estratégica desde que militares estadounidenses capturaron a Maduro en Caracas el pasado enero.
Desde entonces, el gobierno de Trump ha retirado a Rodríguez de su lista de sanciones en abril y ha solicitado a fiscales evitar involucrarla en investigaciones de la DEA. En agosto, Washington anunció un acuerdo petrolero que otorga a EE. UU. el control mayoritario de 65.000 millones de barriles de reservas probadas de crudo venezolano. Por su parte, el gobierno de Rodríguez facilitó la extradición de Alex Saab, exministro de Industria, quien se declaró culpable de lavado de dinero en Florida.
Durante su discurso ante la ONU, Trump calificó a Maduro de "dictador" y "criminal", al tiempo que justificó la intervención económica en el país sudamericano con la frase: "Al vencedor le corresponde el botín". Mientras tanto, el proceso judicial contra Maduro y su esposa, Cilia Flores, continúa en Brooklyn, con un juicio programado para junio de 2027 donde enfrentan posibles penas de cadena perpetua por cargos de narcotráfico y armas.


