Un estudio elaborado por Gilberto García-Vázquez para el Inter-American Dialogue ha puesto bajo la lupa el fenómeno de la triangulación de mercancías chinas a través de México hacia el mercado estadounidense. Según los hallazgos, solo el 2% del crecimiento exportador mexicano hacia Estados Unidos en el periodo 2017-2024 muestra señales compatibles con productos que ingresan desde China y son reexportados prácticamente sin modificaciones.
En términos monetarios, esto equivale a cerca de 4,200 millones de dólares distribuidos en 66 categorías de productos, una cifra menor si se compara con el crecimiento total de 199,000 millones de dólares analizado. El estudio identificó estas operaciones buscando coincidencias en registros comerciales: un aumento en las compras mexicanas a China, un incremento simultáneo en las ventas de esos mismos productos a Estados Unidos y una similitud en precios y características. La mayor parte de este valor se concentra en maquinaria, equipo eléctrico, aluminio y llantas para camión.
No obstante, el informe subraya una distinción crucial para la próxima revisión del T-MEC: la diferencia entre el transbordo directo y la integración de componentes chinos en la manufactura local. Mientras que el transbordo directo es considerado insignificante —explicando menos de un punto porcentual del aumento exportador según datos de la Reserva Federal de Estados Unidos—, el uso de piezas chinas en fábricas mexicanas es un tema de mayor calado. El análisis estima que la relación entre compras a China y ventas a Estados Unidos podría alcanzar hasta un 25% cuando se consideran productos transformados en México, aunque esto no implica que una cuarta parte de lo exportado sea de origen chino.
Comparativamente, México se mantiene lejos de ser una plataforma de redirección masiva. Por cada dólar exportado a Estados Unidos, México compra aproximadamente 23 centavos a China, una proporción que se ha mantenido estable desde 2017. Esta cifra es significativamente menor a la de países como Vietnam (1.13 dólares), Malasia (1.35 dólares) o Indonesia (2.51 dólares).
El estudio advierte que el verdadero desafío para el T-MEC radica en definir cuánto contenido chino puede integrar un producto fabricado en México antes de perder sus beneficios arancelarios. Si Washington decide endurecer las reglas de origen para exigir más insumos norteamericanos, el impacto afectaría a empresas que sí transforman mercancías en el país pero que dependen de componentes como baterías, circuitos o motores de origen chino.

