SANTA MARTA, Colombia. — La joya turística del Caribe colombiano se ha convertido en el primer escenario de alto perfil para la política de seguridad del presidente Abelardo de la Espriella. Tras el anuncio oficial del 21 de septiembre sobre la neutralización de alias "Cholo", cabecilla de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN), el grupo criminal decretó un paro armado que ha paralizado comunidades mediante amenazas y restricciones a la movilidad.
En respuesta, el gobierno desplegó más de 1,000 uniformados en la ciudad. El presidente De la Espriella ha liderado personalmente la respuesta, difundiendo videos en redes sociales donde aparece armado y recorriendo diversos barrios. Esta acción representa la primera prueba de fuego para su estrategia de seguridad, la cual marca una ruptura radical con el enfoque de diálogo de su antecesor, Gustavo Petro.
Santa Marta es un punto estratégico debido a su puerto, vital para las exportaciones colombianas y blanco frecuente de narcotraficantes que buscan infiltrar cargamentos hacia Europa y Estados Unidos. Según la Fundación Ideas para la Paz (FIP), las ACSN extorsionan a cerca del 95% de los negocios locales, incluyendo hoteles y operadores turísticos. La región, que recibió cerca de 60,000 turistas extranjeros en 2025 y más de 800,000 visitantes en el Parque Tayrona, sufre una disputa territorial entre las ACSN y el Ejército Gaitanista de Colombia (EGC), ambos remanentes de las antiguas Autodefensas Unidas de Colombia.
Datos de ACLED indican que la violencia en la zona aumentó un 28% en 2026. Ante la escalada, que incluyó vehículos calcinados en la Troncal del Caribe y ataques a comercios, el presidente declaró el 22 de septiembre: "Estos delincuentes pretenden incendiar gran parte de la región Caribe".
La estrategia ha generado opiniones divididas. Mientras analistas como Gerson Arias sugieren que la focalización en este territorio podría aumentar la credibilidad del mandatario a corto plazo, figuras de la oposición, como el congresista Gabriel Becerra, han calificado el despliegue como un "show mediático". Por su parte, Tiziano Breda, analista de ACLED, advierte que la apuesta por atacar a los cabecillas sin una estrategia prolongada de desmantelamiento podría derivar en fragmentaciones criminales más complejas.


