MONTERREY, N.L. — La historia de Salinas y Rocha comenzó con la visión de Benjamín Salinas Westrup, bisabuelo de Ricardo Salinas Pliego, y su cuñado Joel Rocha. Ambos emprendieron un negocio de fabricación de muebles y camas de fierro bajo un esquema comercial innovador para la época: la venta mediante pagos en abonos. La estrategia consistía en realizar ventas de alto volumen con pagos pequeños, permitiendo a los clientes liquidar sus productos en plazos determinados.
Tras una pausa operativa forzada por la Revolución Mexicana, la empresa se constituyó formalmente como sociedad comercial en 1917. Bajo la dirección de Hugo Salinas Rocha, la cadena inauguró su primera tienda departamental en Monterrey en 1943, expandiéndose a la Ciudad de México apenas dos años después. Sin embargo, la ambición de Hugo Salinas Rocha por desarrollar nuevos proyectos derivó en una ruptura familiar. En 1950, fundó Elektra Mexicana, lo que marcó un distanciamiento con la familia Rocha. Para 1961, Hugo Salinas renunció a Salinas y Rocha para dedicarse de lleno a Elektra, aunque conservó su participación accionaria.
Durante más de tres décadas, ambas empresas operaron como competidoras directas. No obstante, hacia mediados de los años 90, Salinas y Rocha enfrentó una crisis financiera agravada por la situación económica del país. Para 1995, el control accionario estaba en manos de acreedores como Serfín, Citibank, Santander y Bancomer, mientras que la familia Rocha conservaba el 14.3% y los accionistas minoritarios el 5.7%.
Ante la inestabilidad económica, los acreedores decidieron vender la cadena en febrero de 1998. En el proceso participaron firmas como Grupo Carso, Hermanos Vázquez, Viana y Famsa. Finalmente, Grupo Elektra se impuso con una oferta de 77.7 millones de pesos, superando los 68 millones propuestos por Grupo Carso, y adquirió el 94.3% de las acciones. Actualmente, Salinas y Rocha opera como parte del ecosistema digital de Elektra, manteniendo su legado como pionera del modelo de ventas a crédito en México.


