Las elecciones parlamentarias en Rusia, programadas para este 18, 19 y 20 de septiembre, se desarrollan bajo un sistema de poder consolidado que el Kremlin denomina "democracia controlada". A pesar de la falta de sorpresas políticas, el gobierno de Vladimir Putin otorga una importancia estratégica a estos comicios, los primeros desde el inicio de la invasión a gran escala en Ucrania. El objetivo del Kremlin es utilizar los resultados para validar el apoyo popular a la "operación militar especial" y promover las carreras políticas de casi 200 veteranos de guerra que participan como candidatos.
El panorama político actual muestra una alineación total en la Duma. Guennadi Ziugánov, líder del Partido Comunista, afirmó con orgullo que existe un "acuerdo del 100%" en la cámara, tras haber votado a favor de 170 leyes de apoyo al conflicto. Mientras tanto, las voces disidentes han sido sistemáticamente eliminadas. El partido Yábloko, la única fuerza pacifista que buscaba participar, fue excluido por el Tribunal Supremo en julio. Grigori Grishin, candidato de dicho partido, denunció que las autoridades están inhabilitando a los opositores mediante detenciones y procesos judiciales, citando como ejemplo su propia detención por supuesta propaganda extremista al mencionar a Alexéi Navalny, el fallecido líder opositor.
En ciudades como Dmítrov, a 80 kilómetros de Moscú, la guerra es el tema central que domina la vida cotidiana, visible en monumentos a los "Héroes de la operación militar especial". Ciudadanos expresan preocupaciones por la economía, el aumento de precios y la inseguridad ante ataques con drones, aunque mantienen bajas expectativas sobre la capacidad de las elecciones para generar cambios reales. Dmitry Peskov, portavoz del Kremlin, defendió el proceso señalando que Rusia posee su propio sistema y proceso político, ajeno a los estándares occidentales donde las elecciones sirven para reemplazar gobiernos.


