BEIJING, China. — A 50 años de su muerte, ocurrida en 1976, la figura de Mao Zedong ha cobrado una fuerza inusitada en la cultura digital china. En plataformas como Bilibili, donde cerca del 60% de los usuarios tiene entre 18 y 24 años, abundan recopilaciones de video sobre su vida que acumulan millones de reproducciones y comentarios de admiración. Los jóvenes se refieren a él frecuentemente como "Maestro", un apodo que el propio Mao utilizó en 1970 durante una entrevista con el periodista estadounidense Edgar Snow.
Este fenómeno contrasta con la narrativa oficial establecida en 1981 bajo el liderazgo de Deng Xiaoping, que evaluaba a Mao bajo la premisa de "70% logros, 30% errores". Mientras que en décadas pasadas su imagen fue retirada gradualmente de espacios públicos para verlo como una figura histórica con limitaciones, hoy el interés ha resurgido. Un indicador clave es que, desde 2019 y hasta 2025, las "Obras escogidas de Mao Zedong" se han mantenido como el libro más prestado en la biblioteca de la Universidad Tsinghua.
Expertos como Florian Schneider, profesor de la Universidad de Leiden, señalan que este interés no es simple nostalgia, sino una respuesta a la realidad actual. Con una tasa de desempleo urbano para jóvenes de entre 16 y 24 años que alcanzó el 17,9% en julio de este año, muchos se sienten excluidos de las promesas de prosperidad. Términos como "996" (jornadas laborales extenuantes) e "involución" definen el malestar de una generación que encuentra en el lenguaje directo de Mao una herramienta para procesar la desigualdad y la crítica al capitalismo.
Aunque el Partido Comunista de China (PCCh) integra a Mao en su narrativa de "gran revitalización nacional", Schneider advierte que esta tendencia popular tiene un carácter populista potencialmente explosivo. A diferencia de la discusión sobre el actual líder, Xi Jinping, que permanece restringida por la censura y la autocensura, los jóvenes utilizan la figura del "Maestro" para expresar descontento social, planteando un desafío complejo para las autoridades sobre cómo gestionar esta energía política que surge desde la base.


