Escalada de violencia y nuevas alianzas
La situación en Etiopía ha alcanzado un punto crítico este jueves 24 de septiembre de 2026. El Frente de Liberación Popular de Tigré (TPLF) ha declarado que el país se encuentra en una "guerra total", tras formalizar una alianza con diversos grupos armados antigubernamentales que tienen como objetivo declarado derrocar al Ejecutivo y tomar la capital, Adís Abeba. Amanuel Assefa, vicepresidente del TPLF, confirmó la gravedad del escenario al señalar que "hay combates por todas partes".
Este nuevo capítulo de violencia surge tras meses de tensión, marcados por la concentración de tropas federales en la frontera con Tigré y el uso recurrente de ataques con drones desde agosto. El miércoles, los rebeldes tomaron el control de tres aeropuertos en la región y lanzaron ofensivas coordinadas en las provincias de Afar y Amhara.
Respuesta del Gobierno y cifras de bajas
El ejército etíope ha respondido con operaciones de contraataque. Según el reporte oficial de las Fuerzas de Defensa, al menos 272 rebeldes fueron abatidos durante el asalto en Amhara, la segunda región más poblada del país, mientras que otros 260 insurgentes resultaron heridos. El mando militar no proporcionó información sobre bajas propias o civiles.
"Actualmente, el ejército evalúa la situación del enemigo, lleva a cabo contraataques y realiza importantes operaciones para eliminar las fuerzas enemigas restantes", comunicó la institución, que previamente había sido señalada por el TPLF como responsable de una "invasión y ataque abierto" contra Tigré, lo que motivó la orden de los rebeldes de adoptar una estrategia de "guerra defensiva".
Impacto humanitario y contexto regional
La reanudación de las hostilidades, a menos de cuatro años de la firma de un acuerdo de paz, ha generado una crisis humanitaria inmediata. Una fuente humanitaria anónima reportó disparos de armas pesadas en las cercanías de Yalo, en Afar, a unos 40 kilómetros de Tigré, dejando un saldo de personas heridas y desplazadas.
El conflicto, que entre 2020 y 2022 dejó aproximadamente 600,000 muertos según datos de la Unión Africana, amenaza con desestabilizar la región. Analistas advierten sobre una posible conflagración mayor, señalando la influencia de Eritrea en el conflicto, ante el temor de que Etiopía busque obtener acceso al mar Rojo. Ante la gravedad de los hechos, la Unión Africana y la Unión Europea han instado a las partes a buscar una desescalada inmediata.


