La prosopagnosia, conocida comúnmente como ceguera facial, es una condición que va más allá de un simple olvido. Caroline Steele, quien ha experimentado esta dificultad desde su infancia, relató cómo llegó a no reconocer a su propia pareja tras seis meses de relación al encontrarse en un supermercado, logrando identificarlo únicamente cuando escuchó su voz. Esta experiencia, aunque desconcertante para otros, es una constante en su vida diaria.
La profesora Sarah Bate, psicóloga de la Universidad de Bournemouth, explica que esta afección es más frecuente de lo que se estima, afectando a una de cada 50 personas. Si bien puede surgir tras un daño cerebral, como un derrame, la forma más común es la prosopagnosia del desarrollo o congénita. Según Bate, esta variante sugiere un vínculo genético complejo, aunque no depende de un solo gen, sino de una interacción entre factores genéticos y ambientales. Asimismo, experiencias visuales tempranas, como el uso de parches oculares o cataratas en la infancia, podrían influir en el desarrollo de esta capacidad.
Desde una perspectiva neurocientífica, la profesora Zaira Cattaneo, de la Universidad de Bérgamo, señala que el reconocimiento facial depende de una secuencia compleja de procesos cerebrales que involucran el lóbulo occipital, la corteza temporal y la corteza prefrontal. Las personas con prosopagnosia podrían presentar una menor conectividad entre las distintas partes de este circuito facial. Además, la evidencia indica que, con el envejecimiento, las regiones cerebrales implicadas tienden a volverse menos selectivas, lo que podría generar deficiencias en el reconocimiento facial incluso en personas que no padecieron la condición durante su juventud.
Tras someterse a pruebas oficiales que incluyeron cuestionarios sobre experiencias cotidianas y la identificación de figuras públicas como Tom Hanks, Tony Blair, Paul McCartney y David Attenborough, Steele obtuvo un diagnóstico positivo de prosopagnosia. Actualmente, la ciencia investiga si es posible mejorar esta red de reconocimiento mediante técnicas como la estimulación eléctrica no invasiva, aunque los resultados son limitados. Por ahora, los expertos recomiendan estrategias prácticas, como fijar puntos de encuentro claros o identificar a las personas a través de detalles específicos como la voz, la forma de caminar o accesorios distintivos.


