El Departamento de Defensa de Estados Unidos reconoció oficialmente la existencia de una escasez de municiones derivada de la guerra contra Irán, un escenario que el gobierno del presidente Donald Trump había negado sistemáticamente durante los últimos meses. Según el informe del inspector general del Pentágono, el alto consumo de armamento durante la denominada operación Furia Épica ha provocado cuellos de botella significativos en las industrias encargadas de la reposición de suministros.
El documento, que analiza el periodo comprendido entre abril y junio de 2026, desmiente las afirmaciones del mandatario estadounidense, quien en septiembre aseguró que el país poseía cantidades prácticamente ilimitadas de municiones. Reportes periodísticos sugieren que esta carencia de suministros, particularmente de misiles interceptores, fue un factor determinante para que la administración Trump decidiera no renovar los ataques a gran escala contra Teherán durante el verano.
El impacto de las represalias iraníes ha sido considerable. El informe detalla que los ataques de Irán y sus aliados dañaron o destruyeron cientos de instalaciones en bases estadounidenses ubicadas en Kuwait, Baréin, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita, Irak, Omán y Jordania. Asimismo, se reportaron daños materiales severos en la flota aérea: cuatro aviones F-15 destruidos, un F-35 dañado, siete aviones cisterna KC-135 afectados o destruidos, y la pérdida de hasta 30 drones de ataque MQ-9 Reaper.
Además de la infraestructura militar, el conflicto ha afectado edificios diplomáticos en Irak, Kuwait, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Actualmente, el Pentágono estima que hay más de 50,000 militares estadounidenses involucrados en el conflicto en el Golfo, el cual inició el 28 de febrero tras una serie de ataques conjuntos entre Israel y Estados Unidos contra Irán. Ante la situación, el Departamento de Defensa ha implementado medidas urgentes para acelerar la producción de armamento.


