La seguridad en los museos de Europa atraviesa un momento crítico tras una oleada de robos que ha afectado a diversas instituciones, incluyendo el reciente asalto al Museo Renoir en el sur de Francia. En este último incidente, los delincuentes utilizaron cuchillos eléctricos y sierras para metales para vulnerar el perímetro del recinto. Este suceso se suma a una tendencia preocupante reportada por la Europol, que desde hace dos años ha detectado un incremento en la frecuencia y la audacia de estos crímenes.
El detective especializado en arte, Arthur Brand, había advertido previamente sobre el riesgo de robos de alto impacto, citando como precedente el asalto al Museo del Louvre en París el pasado octubre. En dicho atraco, los responsables sustrajeron joyas valoradas en 88 millones de euros (más de 102 millones de dólares), un botín que permanece desaparecido casi un año después. Según Brand, el éxito de este tipo de operaciones motiva a otros grupos criminales a replicar los ataques en museos locales que albergan metales y piedras preciosas.
Los datos de la Asociación para la Investigación de los Delitos contra el Arte (ARCA) confirman que, tras un aumento drástico en 2024, las cifras de robos en museos franceses han mantenido una tendencia al alza en 2025. Los expertos señalan que los delincuentes han abandonado el engaño como táctica principal, optando ahora por el uso de mazos, hachas, palancas y explosivos para completar sus objetivos en cuestión de minutos.
El perfil de los objetos robados también ha evolucionado. Mientras que las pinturas son más difíciles de comercializar, los metales preciosos, las piedras preciosas y la porcelana china son ahora los blancos predilectos debido a la facilidad con la que pueden ser fundidos o desmantelados para su venta ilícita. Ante este panorama, instituciones como el Museo de Artes Aplicadas (MAK) de Viena, que sufrió el robo de un collar de diamantes el mes pasado, han reforzado sus protocolos con detectores de metales y mayor vigilancia, aunque directores como Lilli Hollein advierten que el desafío es mantener la apertura al público sin convertir los museos en fortalezas inexpugnables.


