La reanudación de las hostilidades en Yemen ha dejado un saldo trágico de más de 500 fallecidos desde el pasado jueves, según reportes difundidos este martes 8 de septiembre de 2026. La ofensiva, encabezada por los rebeldes hutíes contra las fuerzas leales al Gobierno reconocido internacionalmente, ha puesto fin a años de tregua mediada por las Naciones Unidas.
La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) informó que, en un periodo de apenas 72 horas, el conflicto ha generado el desplazamiento de 18,500 personas. Abdusattor Esoev, jefe de la misión de la OIM en Yemen, advirtió que muchos de estos civiles ya habían sido desplazados anteriormente, sumándose a los 4.5 millones de personas que han tenido que abandonar sus hogares desde el inicio del conflicto en 2014.
Los analistas indican que el objetivo de los hutíes, respaldados por Irán, es controlar el estrecho de Bab al Mandab. Esta ruta es vital para el comercio mundial y representa una vía estratégica para el transporte de petróleo saudita, especialmente ante el bloqueo de Ormuz. De consolidar su posición, los hutíes tendrían la capacidad de amenazar la navegación en la zona.
Por su parte, el Ejército de Yemen reportó haber recuperado el control de una zona estratégica en el norte del país, cerca de la frontera con Arabia Saudita. El enfrentamiento, que involucra el uso de drones, misiles y artillería, ha escalado las tensiones regionales. Marco Rubio, secretario de Estado estadounidense, señaló directamente a Teherán por su papel en la ofensiva: "Los hutíes, en muchos sentidos, son agentes y apoderados de los iraníes. Creo que detrás de parte de esto está claramente la mano iraní".
El movimiento hutí, que mantiene el control de la capital, Saná, y gran parte del litoral del mar Rojo, ha intensificado sus acciones en respuesta a las operaciones militares sauditas, incluyendo ataques previos contra instalaciones petroleras y bases aéreas en Arabia Saudita.


