En un caso médico que ha captado la atención internacional, Christina Rapti-Tzelepi, una mujer de 54 años, se convirtió en madre tras someterse a un tratamiento de fecundación in vitro. El proceso utilizó un embrión que había sido preservado mediante congelación durante un periodo superior a los 22 años.
La paciente tomó la decisión de buscar este tratamiento tras enfrentar la dolorosa pérdida de su hijo en 2025, quien también había sido concebido mediante la misma técnica de reproducción asistida. El nacimiento de la menor marca un hito en la historia de la medicina reproductiva en Grecia, al demostrar la viabilidad de embriones almacenados por periodos prolongados.


