La figura de María Magdalena ha sido objeto de múltiples interpretaciones a lo largo de los siglos, transitando por los roles de apóstol, penitente y confidente de Jesús. Una nueva exposición titulada 'Maria Magdalena. Sin. Pray. Love', abierta en el Museo Städel de Fráncfort hasta el 17 de enero de 2027, reúne más de 100 representaciones artísticas que ilustran esta compleja evolución.
Bastian Eclercy, curador de la muestra, destaca que Magdalena es una de las figuras más fascinantes de la historia cultural europea. En el Nuevo Testamento, se le reconoce como la mujer a quien Jesús liberó de siete demonios y, fundamentalmente, como la primera testigo de la Resurrección, lo que le valió el título de 'Apostula Apostulorum' (apóstol de los apóstoles).
Sin embargo, su reputación sufrió un daño histórico hacia el año 600 d. C., cuando el papa Gregorio Magno la fusionó erróneamente con otras dos figuras bíblicas: la pecadora anónima que lavó los pies de Cristo y María de Betania. Esta confusión, que asoció los siete demonios con los siete pecados capitales, cimentó durante siglos la imagen de Magdalena como una prostituta arrepentida, una narrativa que no tiene respaldo en los textos bíblicos. No fue sino hasta después del Concilio Vaticano II (1962-1965) que la Iglesia anuló oficialmente esta identificación.
El arte ha sido el espejo de estas transformaciones. Maestros como Tiziano, El Greco y Georges de La Tour la retrataron como penitente, mientras que Rembrandt la plasmó como testigo de la Resurrección y Max Beckmann, en 1917, como pecadora. En la actualidad, la artista española Nieves González ofrece una visión contemporánea con su obra 'La sfida' (2025), que deconstruye los atributos tradicionales al mostrar a una mujer segura de sí misma, lejos de la sumisión histórica.
En el ámbito institucional, el papa Francisco elevó en 2016 su memoria litúrgica, celebrada el 22 de julio, a la categoría de fiesta, otorgándole un estatus equiparable al de los apóstoles varones. Hoy, María Magdalena es considerada un referente clave de la teología feminista y un ícono que sigue desafiando las convenciones artísticas y religiosas.


