La relación entre Argentina y las Islas Malvinas, bajo ocupación británica desde 1833, continúa siendo una herida abierta que combina orgullo, dolor y un profundo consenso nacional. Este sentimiento ha encontrado en el fútbol un vehículo de expresión simbólica, como se evidenció en el Mundial de Qatar 2022 y en la semifinal de 2026, donde la selección argentina derrotó a Inglaterra 2-1, provocando que los jugadores desplegaran una bandera con la leyenda “Las Malvinas son argentinas”.
La antropóloga Rosana Guber, investigadora del Conicet, sostiene que las islas funcionan como un símbolo equiparable a la bandera o el himno, capaz de interpelar a diversos sectores de la sociedad. Guber destaca tres ejes: la disputa de soberanía no resuelta con Gran Bretaña, la causa popular arraigada en la cultura, y el trauma de la guerra de 1982, que dejó un saldo de 649 combatientes argentinos y 255 británicos fallecidos.
En la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur, la presencia de las islas es constante. En Río Grande, ciudad cabecera durante el conflicto, la vigilia del 1 de abril llega a convocar hasta 20,000 personas. El historiador Esteban Rodríguez subraya que, para los habitantes del sur, las Malvinas son una parte indisoluble de la identidad local, presente en uniformes escolares y clubes deportivos.
Sin embargo, el conocimiento real sobre el archipiélago es limitado. El periodista Nicolás Cassese, autor de la novela 'Puerto Stanley, 1982', señala que menos del 1% de los argentinos ha visitado las islas. Existe una confusión común sobre términos como 'Puerto Stanley', nombre británico del pueblo que en mapas argentinos figura como Puerto Argentino, fundado en 1845.
Recientemente, el presidente Javier Milei ha recurrido a la causa Malvinas en un discurso por cadena nacional, anunciando sanciones a empresas que operen en la zona sin autorización y prometiendo una base militar. Este giro de 180 grados respecto a su postura previa de cooperación ha sido calificado por la oposición y el Centro de excombatientes de La Plata (Cecim) como un acto de oportunismo político. La politóloga Mariana Altieri explica que, ante un rumbo económico que divide a la sociedad, Milei utiliza la causa Malvinas como un “salvavidas” que le permite unificar apoyos y protegerse de críticas sobre su política exterior.


