El programa de espionaje conocido como "Los ilegales" representa una de las facetas más oscuras y persistentes de la inteligencia rusa. Shaun Walker, corresponsal de The Guardian, documenta en su libro homónimo —publicado en inglés en 2025 y en español este año— una trayectoria de 115 años que abarca desde la clandestinidad bolchevique hasta la era de Vladimir Putin. La investigación, presentada en el Hay Festival de Querétaro 2026, detalla cómo este sistema ha evolucionado para infiltrar agentes en países occidentales bajo identidades falsas, a menudo utilizando pasaportes de naciones latinoamericanas.
Uno de los casos más emblemáticos ocurrió en junio de 2010, cuando diez espías fueron detenidos en Estados Unidos, incluyendo a la pareja formada por Andrey Bezrukov (Donald Heatfield) y Elena Stanislavovna Vavilova (Tracey Lee An Foley), cuya historia inspiró la serie The Americans. El 19 de julio de 2010, estos agentes fueron intercambiados en Viena por cuatro prisioneros rusos condenados por espionaje en Estados Unidos y Reino Unido.
El libro destaca figuras como Iósif Grigulévich, un judío lituano que operó bajo múltiples identidades, incluyendo la de Teodoro Castro, un diplomático costarricense. Grigulévich llegó a ser embajador de Costa Rica en Roma y estuvo involucrado en planes soviéticos para asesinar a León Trotski en Ciudad de México y al mariscal yugoslavo Josip Broz Tito en 1953. La operación contra Tito fue cancelada tras la muerte de Stalin en marzo de ese mismo año.
Walker explica que, tras la caída de la Unión Soviética, el programa sufrió un declive, pero fue reactivado por Putin alrededor de 2004. A pesar de que el programa fue severamente golpeado en 2010 tras la traición de un oficial del SVR, Rusia ha logrado desplegar una nueva generación de agentes. La elección de identidades latinoamericanas responde a la falta de digitalización completa en registros civiles de la región y a la posibilidad de que ciudadanos rusos se integren en esos contextos culturales. El autor advierte que, aunque la biometría y la inteligencia artificial han dificultado la creación de identidades falsas, el valor estratégico de estos "agentes durmientes" mantiene vigente el programa en la actualidad.


