El vertiginoso avance de la inteligencia artificial (IA) ha generado una división global sobre cómo gestionar sus riesgos. Mientras figuras prominentes de Silicon Valley, como Dario Amodei de Anthropic, Sam Altman de OpenAI y Elon Musk, han sugerido frenar el desarrollo de esta tecnología ante posibles amenazas a la humanidad, la postura de China se mantiene bajo una lógica distinta. La intensa rivalidad entre Washington y Pekín complica cualquier posibilidad de cooperación significativa, ya que ambos países ven la IA como un pilar de seguridad nacional y ventaja económica.
Ilaria Carrozza, investigadora principal del Instituto de Investigación para la Paz de Oslo (PRIO), advierte que las expectativas de un acuerdo vinculante entre ambas potencias son poco realistas. Por su parte, el gobierno chino ha integrado la IA en sectores que van desde la agricultura hasta el ámbito militar, aunque desde 2017 ha implementado regulaciones estrictas contra los deepfakes, la desinformación y el uso de parejas virtuales para menores.
El presidente Xi Jinping enfatizó en julio, durante un evento de la Organización Mundial de Cooperación en Inteligencia Artificial, que la tecnología debe permanecer bajo control humano. En septiembre, la Administración del Ciberespacio de China reforzó esta postura, abogando por políticas que eviten que la IA amenace la supervivencia humana. No obstante, expertos como el profesor Zeng Jinghan de la City University de Hong Kong señalan que, a diferencia de EE. UU., China no ve la IA principalmente como una amenaza existencial, sino como una herramienta que debe equilibrar el crecimiento económico con la estabilidad política.
El panorama geopolítico se mantiene tenso. El presidente de EE. UU., Donald Trump, ha calificado el desarrollo de la IA como una carrera de alto riesgo, afirmando que "quien gane en IA, será el vencedor". En respuesta, Chen Yixin, máximo responsable de inteligencia de China, ha descrito esta competencia como un nuevo escenario de rivalidad estratégica. Ante este clima, los medios estatales chinos han criticado las propuestas de ralentizar el desarrollo tecnológico, interpretándolas como intentos de frenar el progreso del gigante asiático.
Aunque se espera que la IA sea un punto clave en la próxima cumbre entre Xi Jinping y Donald Trump en Washington D.C., los analistas coinciden en que es improbable un pacto que limite la velocidad de desarrollo de los modelos de IA, ya que ninguna de las partes está dispuesta a revelar secretos comerciales o someterse a verificaciones externas.


