MONTERREY, N.L. — La vida de Mariana Moreno, de 37 años, ha dado un giro drástico a causa del síndrome de Wilkie, una afección poco común con una incidencia mundial de entre 0.01 y 0.3 por ciento. Tras años de diagnósticos erróneos que atribuían sus malestares a gastritis o colitis, la paciente comenzó a experimentar en 2023 síntomas alarmantes como pérdida súbita de peso, dolor abdominal intenso, náuseas, vómitos y desmayos constantes.
El síndrome de Wilkie ocurre cuando una parte del intestino delgado queda atrapada entre la arteria aorta y la mesentérica superior debido a la falta de grasa. En un hospital público de Monterrey, Mariana fue sometida a dos intervenciones de alto riesgo para liberar el pinzamiento y tratar una obstrucción intestinal. Sin embargo, ante la falta de mejoría, en 2024 se realizó una tercera cirugía donde los médicos, tras observar un colapso del órgano, decidieron extirpar el estómago por completo y retirar 40 centímetros de intestino.
Desde entonces, Mariana vive con desnutrición crónica, pesando entre 36 y 38 kilos, y enfrenta complicaciones como anemia, arritmias y retención de líquidos. Su dieta se limita exclusivamente a líquidos como agua, tés, jugos o leche de almendra con cacao. Para obtener nutrientes esenciales, requiere nutrición parenteral vía intravenosa, cuyo costo asciende a 3 mil 500 pesos por sesión.
Ante la imposibilidad de trabajar, Mariana sobrevive con una pensión vitalicia menor a 3 mil pesos mensuales, insuficiente para cubrir sus medicamentos. Para costear su tratamiento, vende macetas pintadas a mano y mantiene una campaña de recaudación en GoFundMe titulada 'Ayudemos a Mariana Sin Estómago'. Sobre su situación, Mariana reflexiona: “El milagro es que sigo aquí a pesar de mi condición. Yo me veo en el espejo y digo: ‘¿cómo puede ser posible que siga viva sin comida, sin estómago?’”


