La construcción de una agenda de riesgos se ha consolidado como un instrumento fundamental de planeación estratégica y análisis prospectivo. Este sistema permite identificar, ordenar y dar seguimiento a tendencias y amenazas que pueden comprometer la estabilidad, la seguridad, la gobernabilidad o los intereses de una nación. Según Jorge Carrillo Olea, el objetivo principal de este ejercicio no es predecir el futuro con exactitud, sino reducir la sorpresa estratégica y fortalecer la capacidad de toma de decisiones.
Para el contexto mexicano, una agenda de riesgos diseñada para el periodo de agosto de 2026 a octubre de 2027 debe trascender el simple inventario de problemas. Su estructura debe integrar elementos clave como la identificación del riesgo, su probabilidad, impacto, horizonte temporal, indicadores de alerta temprana, actores involucrados, escenarios posibles, capacidades de respuesta, medidas preventivas y responsables de seguimiento, además de considerar la relación con Estados Unidos.
El análisis subraya la importancia de vigilar cinco riesgos electorales específicos de cara a los comicios de 2027: el control criminal de gobiernos locales, la violencia contra candidatos, los flujos ilegales de dinero, la desinformación y las crisis poselectorales. La metodología propuesta sugiere el uso de análisis estructural para desentrañar la organización de los adversarios y sus capacidades de influencia.
Carrillo Olea plantea tres escenarios posibles para el país: la estabilidad controlada, la tensión social creciente y la crisis de gobernabilidad. El autor recuerda que la primera Agenda Nacional de Riesgos fue presentada ante el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari a principios de enero de 1989 por el gabinete de seguridad nacional, estableciendo un precedente en la gestión de riesgos estratégicos en México.

