Las tensiones geopolíticas han alcanzado un punto crítico después de que Alemania señalara directamente a Moscú como responsable de un ataque con drones perpetrado el mes pasado en el aeropuerto de Leipzig/Halle. El ministro del Interior alemán, Alexander Dobrindt, calificó el uso de un dron cargado de explosivos como parte de un "patrón bien establecido de las operaciones híbridas rusas en Europa", una estrategia que combina tácticas militares y no militares para ejercer presión sin declarar una guerra abierta. Como consecuencia, ambos países han cerrado centros culturales recíprocos, incluyendo el consulado ruso en Bonn.
El embajador de Estados Unidos ante la OTAN, Matthew Whitaker, calificó el incidente en Leipzig/Halle —un punto logístico clave para el apoyo a Kyiv— como una de las acciones híbridas más preocupantes registradas hasta la fecha, subrayando que tales actos son "inaceptables". Por su parte, Moscú ha negado cualquier implicación en este y otros incidentes previos, desestimando las acusaciones alemanas por considerarlas infundadas.
Según el centro de estudios Globsec, con sede en Bratislava, se identificaron 151 casos de actividad rusa contra Europa entre febrero de 2022 y febrero de 2026, aunque se sospecha que la cifra real es superior. Estos actos incluyen intentos de asesinato, incendios provocados, sabotaje, vandalismo y disturbios. Un informe del Servicio de Investigación del Congreso de Estados Unidos, publicado en agosto, también documentó ataques a ferrocarriles, cables submarinos, ciberataques y violaciones del espacio aéreo.
Emily Ferris, del centro de estudios británico RUSI, sostiene que Moscú busca crear "discordia y caos en Occidente" para elevar el costo del apoyo a Ucrania. Maksym Beznosiuk, investigador de Globsec, añade que el Kremlin utiliza estas tácticas para "poner a prueba la preparación de la OTAN" y explotar divisiones políticas, especialmente ante las dificultades rusas para lograr avances convencionales decisivos en el frente ucraniano.
La infraestructura crítica ha sido un objetivo recurrente. En noviembre de 2025, Polonia sufrió una explosión en una línea ferroviaria que el gobierno calificó como "un acto de sabotaje sin precedentes", lo que derivó en el despliegue de 10,000 soldados para proteger instalaciones estratégicas. Asimismo, en enero, Varsovia firmó contratos por más de 4,000 millones de dólares para sistemas de defensa antidrones en su frontera oriental.
Además del sabotaje físico, las autoridades europeas han alertado sobre operaciones de desinformación mediante inteligencia artificial y cuentas falsas, destinadas a influir en procesos electorales, como las presidenciales francesas de 2027 o las elecciones regionales en Alemania. La estrategia rusa ha evolucionado para reclutar a ciudadanos de terceros países a través de internet, dificultando la atribución directa al Kremlin. Un ejemplo notable ocurrió en Lituania, donde seis ciudadanos de España, Colombia, Cuba, Rusia y Bielorrusia fueron arrestados por intentos de ataques incendiarios contra una planta que suministraba equipo al ejército ucraniano, enfrentando penas de hasta 15 años de prisión.
Ante este escenario, expertos como Beznosiuk sugieren que la OTAN debe endurecer sus políticas, incluyendo restricciones a los movimientos diplomáticos y acciones contra la "flota en las sombras" de Rusia, una red de buques que evade sanciones internacionales. Aunque se considera improbable una guerra directa, los analistas advierten que el riesgo de una escalada involuntaria debido a malentendidos sigue siendo una amenaza latente.


