La historia de La Costeña comenzó en 1923, cuando Vicente López Resines adquirió una miscelánea en Tlatelolco para envasar chiles serranos y largos en vinagre. A lo largo de las décadas, la compañía ha evolucionado mediante una estrategia que combina el desarrollo de productos propios, la expansión de su infraestructura y la adquisición estratégica de marcas consolidadas.
El portafolio actual incluye nombres que muchos consumidores identifican sin asociarlos necesariamente con el grupo. Entre las adquisiciones clave destacan Doña Chonita (2000), Aconcagua (2003 en Chile, 2006 en EE. UU.), Rancherita (2005), SunVista (2006), Luck’s (2010), Totis (2012), Paps (2013), Cacahuates Nipón (2017), y las marcas de galletas Zacks y Marián, ambas integradas en 2019. Asimismo, en 2020 la empresa lanzó su propia línea de productos orgánicos, Cultivo Sano.
La división de botanas, encabezada por Totis, se ha convertido en un pilar fundamental. Tras su adquisición en 2012, la marca superó rumores de bancarrota en 2018, aclarando que el cierre de su planta en Comitán, Chiapas, respondía a una reubicación estratégica hacia Tizayuca, Hidalgo, acompañada de inversiones en tecnología. En 2021, Rafael Celorio, entonces director general, estimó que Totis representaba cerca del 10% de las ventas del grupo, con el potencial de alcanzar, junto a Galletas Marián, el 20% de los ingresos en cinco años.
Actualmente, La Costeña cuenta con una plantilla de aproximadamente 4,500 empleados. En el ranking de 'Las 500 empresas más importantes de México' de 2026, la compañía ocupó el lugar 239. Este año también marca un hito institucional tras el fallecimiento, el 16 de septiembre, de Vicente López Rodea, presidente del Consejo de Administración y figura clave de la segunda generación familiar. La empresa enfrenta ahora el reto de mantener su crecimiento y diversificación en medio de esta transición generacional.


