En el marco de la visita del presidente chino, Xi Jinping, a Estados Unidos, la guerra con Irán se perfila como un eje central en la agenda de su encuentro con Donald Trump. Pekín, que recientemente recibió al ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi, mantiene una postura de equilibrio: condena las sanciones estadounidenses y los ataques contra Teherán, al tiempo que aboga por el fin de las hostilidades y la reapertura del estrecho de Ormuz.
Andrea Ghiselli, experta en China y Medio Oriente de la Universidad de Exeter, señala que Pekín busca evitar que el conflicto afecte su relación con Estados Unidos, pero advierte que no traicionará los intereses fundamentales de Irán. Esta alineación se basa en la percepción compartida de que las acciones de Washington e Israel son el origen de la inestabilidad actual.
Desde una perspectiva energética, la situación es crítica. Según un informe de 2025 de la Administración de Información Energética de Estados Unidos, el petróleo representa una quinta parte del consumo energético chino, con más del 70% de las importaciones provenientes del exterior. Aunque el crudo iraní representó solo el 12% de las importaciones chinas el año pasado, el bloqueo naval impuesto por Estados Unidos desde el 14 de julio ha frenado drásticamente el flujo marítimo, reduciendo las exportaciones iraníes de dos millones de barriles diarios en marzo a un rango de entre 220,000 y 255,000 en agosto.
China ha recurrido a sus reservas estratégicas, estimadas entre 1,000 y 1,400 millones de barriles para 2025, para mitigar el impacto. Erica Downs, de la Universidad de Columbia, estima que estas reservas podrían cubrir 254 días de importaciones desde Medio Oriente, aunque el columnista Clyde Russell advierte que Pekín ha tenido que utilizar estos recursos en tres de los últimos cuatro meses.
Ante este escenario, la capacidad de China para desafiar el bloqueo naval es limitada, ya que una confrontación directa con Washington supondría un costo geopolítico inasumible. La estrategia de Pekín, según Ghiselli, se encamina a presionar a Irán para lograr concesiones que permitan a Trump declarar una victoria política, siempre que el acuerdo incluya el levantamiento de sanciones y el acceso a fondos congelados para Teherán.


